Lecciones de una nueva ciencia
El libro es divertidísimo. Después de doscientas páginas de erudición académica (brillante) y toneladas de estudios, datos y cifras (como corresponde a un excelente economista), y que yo me miré por encima en poco más de media hora, el tipo llega a la conclusión de que en los últimos años el común de los occidentales es mucho más rico, pero no más feliz. ¡Nos ha jodido, Layard! Y, ¿qué nos falta? Según el aluvión de pruebas recopiladas por Layard (irrefutables) la fuente de la felicidad reside en una buena socialización, tener una buena relación de pareja, familia y amigos, un trabajo estable y medianamente gratificante, no tanto en lo económico como en lo emocional (reconocimiento, condiciones de trabajo, etc.) y en saber combinar esa estabilidad emocional, social y económica con una vida interior donde rijan los valores morales “de toda la vida”, aquello de “no hagas a los demás lo que no quieras para ti”, “vive y deja vivir”, “haz bien y no mires a quién”, etc. etc.
A mí me lo vas a contar, Layard. El sábado, que como con mi familia, voy a ser un rato feliz (me voy a echar unas risas) a tu costa. Y luego me voy a fumar un puro y me voy a echar una siesta de pijama y orinal, mira tú, sabiendo además que hay tantos estudios científicos que me avalan. Y la próxima vez que eche un polvo, me voy a arrear a mi amada con ganas. ¡Sin complejos, leñe! ¡Viva la ciencia económica!
Sin duda, el mérito del libro reside en demuestra “científicamente” lo que muchos sabíamos ya desde hace tiempo. Y, antes que nosotros, lo supieron nuestros padres, y nuestros abuelos. ¿Lecciones de una nueva ciencia? Lo que tú digas, Layard, pero aquí no hay nada nuevo, que Epicuro ya lo dejó escrito hace miles de años. Y ya entonces seguro que había gente que pensaba que era un estúpido por perder el tiempo escribiendo, en vez de estar practicando, aquello que los realmente sabios no necesitan que nadie les explique: que la felicidad reside en trabajar en algo que te guste o por lo menos que no te disguste, en tener una buena relación de pareja y de familia, en los amigos, en la buena comida, en el sexo guarrindongo con la persona que amas, en un buen libro, en un buen paseo, en una puesta de sol abrazando a tu pareja, en irte a la cama con la conciencia tranquila y con alguien a quien abrazar, y en levantarte al día siguiente feliz y contento porque te vas a ocupar ese día de las cosas que realmente importan y no de las tonterías de las que suele ocuparse tanta otra gente…
¿Y para este viaje hacían falta esas alforjas intelectuales y este aluvión de estudios económicos?
Eso sí, no esperes que te den el “nóbel” de economía por esto, Layard.
Los académicos, los intelectuales y los enconomistas en particular tienen cuestiones más urgentes a las que dedicarse antes de a la felicidad de la gente.
