Thursday, November 23, 2006

La muerte de las imágenes y de los conceptos (II)

Al igual que las imágenes deberían ser destruidas pasado cierto tiempo, las palabras y los conceptos deberían tener fecha de caducidad.

La imprenta ha sido a los discursos lo que la fotografía a la imagen. La palabra impresa, el libro, hace que se fijen términos, definiciones, conceptos y discursos que, de otra manera, habrían evolucionado, incluso desaparecido, más rápidamente. De la misma manera que los idiomas ya no cambian tan rápidamente desde la erradicación del analfabetismo y, sobre todo, la extensión de los medios “de comunicación”, tampoco evolucionan las definiciones y, peor todavía, ya no se crean términos nuevos que permitan la definición de nuevas realidades.

Un ejemplo cualquiera: el término “nación”. Indudablemente, un término y un concepto que, en la era del capitalismo transnacional, de las comunicaciones globales, de la multiculturalidad, de internet, etc. desde luego no puede tener el mismo significado que en el siglo XIX. Pero, como el concepto sigue ahí, se sigue usando (con intereses bastardos, por supuesto). La “nación española”, la “nación catalana”, la “realidad nacional” andaluza, son puras entelequias. Y, sin embargo, ¿tendremos que encontrar nuevos términos para definir las diferencias entre, por ejemplo, Cataluña y el resto de España? Probablemente sí. Pero no será en términos “nacionales”. Y quien lo hace no sólo falta a la realidad y usa un concepto que hace décadas que no tiene sentido en Europa, sino que además lo hace con una agenda oculta…

Quienes más sufren la extensión de la fecha de caducidad de los términos y los conceptos es la izquierda, que para eso ha disfrutado siempre de un enorme aparato discursivo e ideológico. Cada vez que oigo a un sindicalista hablar de “los trabajadores y las trabajadoras” o, peor todavía, “los asalariados y las asalariadas”, me quedo en estado de “shock”. El mismo discurso, los mismos términos, que hace ciento cincuenta años, cuando las sociedades avanzadas (no España) se componían de unos pocos capitalistas, una pequeña “clase media” de comerciantes y profesionales liberales y un enorme número de “trabajadores asalariados” que vivían en condiciones paupérrimas. ¡Por favor! En el siglo XXI, hasta los grandes ejecutivos son “asalariados”, los trabajadores con menos sueldo son ahorradores e inversores en Bolsa, los trabajadores manuales muchas veces ganan más que los profesionales liberales con título universitario, y los más desposeídos no son ni “trabajadores” ni “asalariados”. ¿Quiere decir esto que deja de tener sentido el debate político? ¡Por supuesto que no! Pero el debate ya no tiene sentido usando términos como “izquierda” o “derecha”, por lo menos no en el sentido tradicional, habrá que buscarles a esos términos nuevos significados o encontrar términos nuevos que definan mejor nuestra realidad.

Y podría seguir dando montones de ejemplos…

El trabajo principal de un intelectual, de cualquier rama del conocimiento, consiste en definir la realidad. Y, si además ese intelectual es “progresista”, en el sentido tradicional del término, en transformarla. Pero a menudo se olvida que, para definir, hay que encontrar los términos adecuados y, si es necesario, destruir los viejos y crear nuevos. Derribar para construir. Lo otro, repetir “a marchamartillo” viejos conceptos aplicándolos a nuevas realidades no tiene ningún mérito intelectual.

Pero qué duda cabe que es lo que mejor encaja en el aparato mediático actual, el “infotenimiento” (pseudo-información descontextualizada, des-ideologizada, des-culturalizada, y servida en forma de entretenimiento) que se practica en los “medios de comunicación” del siglo XXI. Hace pensar menos.

P.D.: la banda sonora que no he podido conseguir para este “post”: “Brigada de Demolición”, del “Aviador Dro”.

2 Comments:

Blogger Roma said...

Llevas mucha razón. Mucha, mucha. Me ha resultado muy interesante lo que dices sobre que no se crean nuevos términos que ayuden a la definición de nuevas "realidades". Es que eso, precisamente, dificulta el entendimiento entre las personas. Es como si los significados de las palabras se hubieran quedado obsoletos. No sé si son los significados los obsoletos o si lo son las propias palabras, o si es todo lo mismo.

5:07 AM  
Anonymous Anonymous said...

Porque tenemos a los intelectuales amorradicos al pilón, y así las inquietudes y las conciencias y todo aquello se amodorran que ni te cuento.
Pero tú no te enfades, maño, que no vale la pena.
Un beso.

5:37 AM  

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