Sunday, November 19, 2006

La muerte de las imágenes y de los conceptos (I)

Hace unos días me puse a repasar viejos álbumes de fotos con mis hijos. Ya tienen esa edad en la que empiezan a interesarse por quién es quién en la familia o, mejor dicho, por quién fue quién, porque muchas de las fotos eran de personas que ellos ya no han conocido. Me sentí extraño al mostrarles los rostros de personas que han sido muy importantes en mi vida y de los que ellos no van a conocer prácticamente nada. Sólo unas caras. No queda ya nadie vivo de la generación de mis abuelos, y en cada funeral he sentido la tragedia de ser consciente de que con cada una de sus muertes desaparecían para siempre un montón de experiencias, de sabiduría, de historias que contar, de modos de ver la vida, todo ello en conjunto mucho más valioso que cualquier gran obra de la literatura o el arte universal y, sobre todo, un saber que podría aprovechar muy bien a nietos, bisnietos y tataranietos… y de todo ello lo único que queda es una foto en blanco y negro de un abuelo, con su boina, mirando con cara de pasmado al objetivo de una cámara…

Y cuando les cuentas quién fue ése de la boina, qué hizo, cuál fue su guerra, mis hijos abren los ojos como platos. Parece increíble que ése, con esa cara de paleto, fuera el personaje de película que fue. Y eso que sólo les cuento la guerra, tantas otras cosas hay que no les cuento, y tantas otras que yo ya no sé… pero todo se pierde y se perderá. Mis nietos probablemente ya no sabrán nada de todo eso. Y mis bisnietos tendrán esta foto guardada en una cajón.

No pude evitar pensar en mí. Con suerte, mis hijos mostrarán fotos mías a mis bisnietos, y podrán contarles algo de cómo fui. Mis tataranietos, en el siglo XXII, heredarán un montón de fotos, mías y de mi familia y, en vez de preguntarse quiénes eran esa gente, mirarán divertidos los transfondos de las fotos, los objetos que eran cotidianos en el siglo XX y las ropas que vestíamos. Mi familia, mis amigos, toda la gente que ha sido importante para mí, todos esos pozos de sabiduría, yo mismo, no significaremos nada para ellos. Nada de lo que pensamos, nada de lo que sentimos, nada de lo que vivimos, permanecerá: tan sólo nuestra imagen en una fotografía.

Me pregunto si no podría hacer que todas mis fotos se destruyeran cuando ya nadie me recuerde. Sé que todo lo mío y todo lo que he sido desaparecerá, y lo acepto de buen grado, pero no soporto la idea de que, cuando ello haya sucedido, queden de mí las imágenes: un niño de cinco años en pantalón corto, uno muy guapo de primera comunión, aquel verano en el pueblo, la foto de la orla en la universidad…y no es justo, no es justo, acepto que todo lo mío sea olvidado, pero no acepto que quede de mí la imagen de mi cara, las ropas que visto, el televisor del fondo, mi corte de pelo, y que unos desconocidos miren todo eso y hagan falsas interpretaciones sobre quién fui y qué viví y, peor todavía, que se echen unas risas. Mis tataranietos, como nosotros, pensarán que ellos han inventado el mundo, y que todos quienes les precedieron eran unos ignorantes que vivieron una vida de gilipollas.

Las imágenes deberían morir, como las personas. Porque las imágenes mienten o, cuando menos, sólo cuentan una pequeñísima parte de la realidad. Y, en una cultura que da tanta relevancia a la imagen, no es justo que el pasado de las personas se reconstruya a partir de un puñado de fotos, no es justo que nadie piense que puede conocer algo de nadie por muchas imágenes que puedan quedar de él. Quizás sería más justo y desde luego intelectualmente más productivo si a mis tataranietos, en vez de darles unas fotos mías, mis nietos les dijeran: "no habéis conocido a mi abuelo. No sabéis, ni sabréis, nada de él. Lo único que puedo deciros es que fue una persona como vosotros. Como vosotros fue niño, luego adolescente, tuvo vuestros mismos problemas, su primera novia, su primer polvo, su primer desengaño… y, como vosotros, se buscó la vida., y quizás él encontró las mismas soluciones a sus problemas que vosotros encontraréis dentro de muchos años. Y murió, al igual que moriréis vosotros, y ha sido olvidado, al igual que lo seréis vosotros." Quizás esa lección sea de mucho más provecho a mis tataranietos que que piensen que yo fui ese gilipollas con ropas ridículas que mira con cara de circunstancias al objetivo de una cámara de fotos.

Por lo menos les haría pensar.

11 Comments:

Blogger Joaquín said...

Estas son preguntas que ya se hacía el Predicador, el autor del libro bíblico del "Eclesiastés". Son el plinto para pensar que todo estos que hemos sido no se puede quedar en nada, en puro polvo.

2:19 AM  
Blogger Alba y Alvaro said...

Los recuerdos, las imágenes, el olvido, la muerte, Tu post hace pensar en muchas cosas. Nosotros también tenemos hijos, y tu edad, y entendemos lo que quieres decir. Pero no podemos evitar pensar que nos gustaría ser recordados, aunque es cierto que por otra cosa diferente que nuestra vestimenta o los objetos que nos rodeaban. Quizás por eso escribimos. Y si a la vez que nuestra imagen recuerdan nuestras palabras, un pedazo de nosotros vivirá en ellos. Saludos desde el agua.

5:15 AM  
Blogger Wizmex said...

Desde el principio ha existido ese deseo de perdurar, o entonces quiénes son las personas que estudiamos en historia. Son personas que fueron como nosotros, pero que lograron destacarse entre los demás. Veamos el caso de los faraones, masacraron a su propio pueblo con el fin único de que su nombre e imagen perdurara a través de los tiempos.
Y para nosotros, personas que no destacamos de una forma demasiado inusual, a nosotros nos queda vivir en el recuerdo de los demás, yo personalemente cuando conozco a alguien nuevo o interactúo con alguien, busco perdurar en su recuerdo. Ciertamente no mediante una falsa máscara de lo que soy, pero con hacerles cuestionar cosas de su día a día, es en ese momento en que logro encender una chispa, y sé que por muy estúpida que haya sido nuestra conversación, en el fondo, esa persona se llevó algo de mí.
En teoría, nuestros roces con los demás son los que forjan nuestras personalidades, no sería extraño que una parte de tus abuelos aún estuviese contigo.
[Me disculpo por la ortografía, sin tiempo]
Saludos.

7:32 AM  
Blogger MrMann said...

Joaquín el "subtítulo" de este "blog", "vanitas etc." son las primeras palabras del libro del "Eclesiastés" o "Cohelet".

10:10 AM  
Blogger Roma said...

A mí también me ha impresionado lo que cuentas. No es que no se me hubiera pasado por la cabeza antes, porque cuando miro mis propias fotos ya me veo yo misma como un cromo, conque... mis nietos, no veas, no quiero pensarlo. De todas formas, y aunque no me parece mala idea la tuya, creo que no sería capaz de destruir esas imágenes.

11:03 AM  
Blogger ana said...

Mientras quede alguien vivo que te haya querido, o que te recuerde, estás vivo. Eso dura un par de generaciones más, seguro.
Lo de las fotos es bueno para reirse unos años después...deja a tus sucesores que pasen un rato agradable, no te pongas místico. A ver por qué no van a poder reirse un rato, si tú ya lo haces, hombreeee.
Feliz semana, un beso.

2:55 PM  
Blogger Cerillo said...

Hace unos días di una vuelta por el mercado de San Antonio y se mercadeaba con viejas fotografías. Gusta a la literatura redactar inventos por sugerencias gráficas. Todos quedamos desarmados delante del objetivo, ni nosotros mismos nos reconocemos cuando envejecemos. A los pocos días las imágenes quedan viejas en la vorágine de la modernidad. Que más da, sea cual sea el soporte de nuestro recuerdo siempre será efímero. La curiosidad de esta modernidad es que los soportes son sólo virtuales, de este tiempo no quedará nada para el recuerdo y lo que quede no será de este tiempo. Paradojas de la tecnología

2:45 PM  
Blogger La hormiguita said...

Es muy cierto y coincido con tu perspectiva.
Saludos

2:08 AM  
Blogger Norberto said...

Me ha gustado tu blog y tu texto.

Saludos.

3:34 AM  
Blogger paradoxus said...

He experimentado todo lo que explicas excepto una cosa: tener que explicarle a un niño TODO lo que se esconde bajo la superficie del rostro muerto de un antiguo vivo en una foto. Ni hijos, ni edad para tenerlos tengo. Ha tenido que ser un momento muy intenso para ti. Poder saborear las dos perspectivas, recuerdo e ignorancia, tu visión y la de un niño que nada o poco sabe de la muerte.
Blog interesante
1 saludo

3:08 PM  
Blogger Marga F. Rosende said...

Yo apenas tengo fotos mias. como sera que hace poco me hice hacer unas por una fotografa de la revista en la que trabajo casi presionada por mis hijos que apenas saben como era su madre.
creo que las quemaré todas, incluso esas.

3:33 AM  

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