Monday, November 06, 2006

Con el sudor de su frente

Este fin de semana mi hijo me preguntaba por qué gente que tiene tanto dinero como para vivir el resto de su vida, cientos, miles de millones de pesetas, gente que incluso puede dejar la vida resuelta a sus hijos y a sus nietos, sigue trabajando y quiere ganar todavía más dinero. En vez de dedicarse el resto de su vida a disfrutarlo.

Sucede que vivimos en un sitio pequeño donde se cumple el tópico de que “nos conocemos todos” y todos sabemos de las fortunas ajenas, y es habitual cruzarse por la calle con los millonetis del pueblo: constructores corruptores, políticos corruptos, capos del negocio de la droga y familias forradas “de toda la vida”. Gente a la que además pocas veces se la ve tomando el “vermouth” o derrochando su dinero, sino todo lo contrario: siempre atareados a la búsqueda de una oportunidad de negocio o de corrupción. Y claro, es normal que a mi hijo esos comportamientos le resulten extraños. ¿Por qué no disfrutan más de lo que tienen?

Podría decirle a mi hijo que no todo el mundo es así. Hace poco conocí a alguien, veintitantos años, que había heredado un negocio familiar, lo había vendido y planeaba vivir de las rentas el resto de su vida. Y también conozco el caso de un contrapariente mío, a quien mi hijo conoce, y a quien sus padres dejaron también muy bien provisto, que ha cogido el primer contrato laboral de su vida a sus cuarenta y tantos años, y sólo por dos motivos: para asegurarse una pensión de vejez (que nunca se sabe qué puede pasar) y para que su hija no lo vea como un bicho raro por no trabajar. El trabajillo, por otra parte, es en una biblioteca, con lo cual mi contrapariente va a seguir haciendo lo mismo que hacía hasta ahora: leer y cultivarse. Y yo mismo, sin ir más lejos, llevo varios años intentando trabajar lo menos posible, con resultados bastante satisfactorios. Pero no quiero darle estos ejemplos porque mi hijo no va a heredar ningún dinero de su familia y va a tener que trabajar mucho el resto de su vida para asegurarse cosas tan básicas como un techo bajo el que vivir, y no quiero crearle falsas expectativas sobre lo que le espera ahí afuera.

Lo único que se me ha ocurrido contestarle es que su padre lee mucho y que, por mucho que se haya leído todo lo que ha querido leerse, no puede evitar tener unas ganas irrefrenables de leerse todo lo que queda por leer. ¿Para qué quiero aprender más, si creo que sé todo lo que necesito saber, sé muchas cosas que no me aprovechan y nada de lo que pueda aprender a partir de ahora me hará más feliz? Pues no lo sé. Leer, para mí, es una actividad totalmente inútil. Y supongo que podría dedicar mi tiempo a algo que fuera más práctico: conseguir un mejor trabajo, ganar más dinero para comprar más cosas, quizás me podría gastar toda la pasta que ganara en casas de masajes, o viajar, también podría dedicarme a la política (a liderar una revolución, por ejemplo)... pero lo que me gusta, qué le voy a hacer, es leer. No lo puedo evitar. Y, de la misma manera que la cabra tira al monte, el borrego de su padre tira a la biblioteca. Beeee beeee beeee.

Y, por las mismas, el político va a la caza del poder, el contratista a la caza del político corrupto, el hombre de negocios a la caza del incauto, el mujeriego detrás del culo de la amiga de su mujer, el votante de erc sigue votando a Pérez… ninguno lo puede evitar. Mi hijo es un tipo bastante racional y le cuesta entender estos comportamientos irracionales, pero los humanos somos así, unos atapuercos con apariencia de sapiens que nos pasamos la vida intentando justificarnos a nosotros y a los demás nuestros comportamientos más irracionales. Sí, vale, algunos de los atapuercos nos creemos (vanidad, todo vanidad) más sapiens que el resto, tenemos un escala de valores y consideramos que es moralmente superior no hacer nada o incluso, si hay que hacer como que se trabaja, dedicarse a la poesía, que pasarse la vida como un esclavo del dinero, de la fama o de la vanidad del poder. Claro que buena parte de la población no comparte esa escala de valores y se pasa la vida amargada, pero yo tampoco tengo la culpa, si quieren trabajar, ¡que trabajen ellos! Y si trabajan mucho pero ganan poco dinero que hagan la revolución, leñe…

Pero no lo quiero contar a mi hijo esto. Es demasiado pronto. Por el momento quiero que se esfuerce lo más posible en sus estudios, por si acaso, y que de mayor que encuentre su propio camino. ¡Igual resulta que encuentra la felicidad en el mundo del trabajo, los negocios o las corruptelas y se convierte en uno de ésos a los que ahora no entiende, vaya usted a saber!

5 Comments:

Blogger Roma said...

Cada día que paso por aquí te encuentro más "sapiens".

3:54 AM  
Blogger La hormiguita said...

Es verdad, nunca se sabe como viene el viento de la acción.
Mientras tanto, sigamos leyendo.
Un abrazo

6:06 AM  
Blogger Cerillo said...

La sabiduria popular dice que hay dos cosas de las cuales el hombre nunca se sacia: del poder y de la riqueza. Con dos perversiones muy peligrosas: la tiranía y la avaricia.
Ojalá todos pudieramos y supiéramos pasarnoslo bien, seguro que otra gallo cantaria en esta nuestra sociedad.

8:51 AM  
Blogger Joaquín said...

"Ande yo caliente, y ríase la gente".

Saludos.

2:45 PM  
Anonymous Anonymous said...

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