Monday, October 16, 2006

Bobalización (I)

En el número de esta semana de “The Economist” se incluye un “dossier” especial sobre la falta de talento que asola al mundo empresarial, en lo que ya es una crisis global de talento. Talento: inteligencia racional y emocional, creatividad, iniciativa, capacidad de innovación y de aprendizaje, de trabajo en equipo, de toma de decisiones, de compromiso, etc. Las empresas están librando una lucha encarnizada por contratar y mantener al personal de más talento, que cada vez es más escaso. Y, puesto que la revista no entra a valorar a fondo las causas de la falta de talento (síntoma de bobalización: se analizan los efectos, pero no las causas) o, por qué no decirlo, del incremento de bobos ilustrados con numerosos “masters” y títulos universitarios que son unos inútiles integrales y que poco a poco van copando puestos de responsabilidad, me permito apuntar algunas posibles causas:

- Los principios pedagógicos conductistas que se han ido imponiendo en todo el mundo occidental como la panacea educativa. No importa tanto lo que el niño “sabe”, sino “lo que sabe hacer”: se trata de formar “técnicos en” lo que sea, y no pequeños científicos infantiles que, ante un problema difícil, sepan aplicar no sólo su “talento” (inteligencia, creatividad, capacidad de innovación, etc.) sino también los principios teóricos aprendidos que, como buenos técnicos, no tienen. “Menos teoría, más práctica”, ¡ja! Además se descarta la posibilidad de que haya niños con menos talento (tontos, en la terminología antigua, o simplemente vagos que prefieren jugar a estudiar, vamos, lo que ha pasado toda la vida), no, no hay niños tontos ni vagos, sólo niños “no motivados” que necesitan “más atención” o “metodologías diferentes”. Y puesto que si el crío no aprueba la culpa no es suya sino del “sistema” que “no se adapta a sus necesidades”, en aras de la “socialización” del niño no se permite que repita curso, ni siquiera que se pase el verano empollando, pasa curso aunque sea un completo ignorante.

El resultado: los niveles académicos de las escuelas e institutos bajan y bajan para acomodarse a la “socialización” de los alumnos menos talentosos, los más talentosos se aburren y se desmotivan, y además se les da una formación donde la teoría y, por consiguiente, la reflexión (creatividad, innovación, resolución de problemas, investigación, etc.) cada vez tiene menos peso frente al “saber hacer”.

- En la universidad la situación empeora: carreras tradicionalmente reservadas a la élite intelectual, como Matemáticas, Física, Química, tienen cada vez menos y menos alumnos, en España menos de la mitad de los que tenían hace sólo diez años. Y de las letras para qué hablar … todo lo que sean Ciencias o Letras “puras” está bajo mínimos. ¿El motivo? Obvio: la lección que se aprende en el instituto es que todo lo que sea teórico “no sirve para nada”. Por el contrario, los estudios “aplicados” están a reventar de alumnos, particularmente ingenierías y empresariales. En estos centros la formación es cada vez menos teórica y orientada a la reflexión, y más práctica. El colmo del éxito, en esta filosofía de la enseñanza (que no del aprendizaje, que es opinable lo que aprenden estos alumnos) es que los alumnos se especialicen en algo muy, muy concreto. Parece que si uno no es un especialista, “no sabe nada”. Y si esa especialidad tiene un reflejo en un puesto de trabajo concreto, mejor. Como en el instituto, de lo que se trata es de formar “técnicos en” algo, garantizar que el licenciado “sabe hacer” lo que se supone que va a necesitar en un puesto de trabajo que le está esperando. Esto, que antaño se llamaba “formación profesional”, ahora se llama “formación universitaria”.

- El problema estalla cuando finalmente se accede a un puesto de trabajo. La educación, por muy al día que esté, nunca puede mantener el paso de la innovación en cualquier profesión, por una mera cuestión temporal: primero se innova, luego se aplica profesionalmente la innovación, finalmente se enseña … pero cuando se llega a la fase de enseñanza en los programas oficiales, ya hay nuevas innovaciones en marcha en los ámbitos profesionales. Por lo tanto, cualquier cosa que nuestros “técnicos” hayan podido aprender en la universidad quedará obsoleta en pocos años. Y entonces se enfrentarán a nuevos problemas que resolver, nuevas técnicas que dominar, nuevas soluciones que ofrecer, nuevos campos que investigar … pero, claro, esto no es lo que habían aprendido en el colegio. En el colegio aprendieron a “hacer” y a “aplicar”, pero no a “pensar”, menos todavía a “crear”, a “investigar”, a “resolver” problemas que no eran de solución aparente e inmediata. ¿Dónde quedaron los inteligentes, los creativos, los innovadores, los que tenían capacidad de esfuerzo, de superación, los que buscaban retos intelectuales, esos alumnos que yo conocí que no dormían por la noche si no encontraban la solución a un problema teórico que les planteaba su profesor…? Todos esos se van quedando por el camino, hastiados por la mediocridad de lo poco que se espera de ellos, y van poco a poco uniéndose al rebaño de los “técnicos en” lo que sea. Y aunque los talentosos más tarde en la vida intenten retomar el camino del esfuerzo intelectual, se encontrarán entonces con que, sin esas materias teóricas tan áridas que el sistema educativo les ha escamoteado, no tienen las herramientas necesarias para reciclarse intelectual y profesionalmente y para afrontar los retos de la innovación continua.

Talento: inteligencia, creatividad, profundidad, capacidad de innovación, de esfuerzo, de superación, de resolución de problemas, compromiso … términos olvidados en la escuela actual, donde sólo se habla de “capacidades” (saber hacer) en vez de inteligencia, de “aprendizaje orientado a fines” en vez de reflexión teórica e investigación, de “socialización”, de “convivencia”, de “interculturalidad”, de “valores solidarios”….

La pedagogía conductista, el experimento de la rata de Pavlov aplicado a humanos. La rata es tonta, pero aprende a conseguir el queso. Los niños y los jóvenes convertidos en animales listos, al nivel de las ratas: salen tontos de la universidad, pero han aprendido a “hacer algo”. Hasta que les cambian el queso de sitio. La escuela y la universidad, una piedra angular del actual proceso de bobalización.

9 Comments:

Blogger Veletita said...

Y también ese sentimiento de culpa permanente en el que viven los padres actuales por no poder dedicarles a sus hijos toda la atención que, según "los especialistas" hay que darles, no sea que el chaval se "traumatice".
Y ellos, que anda que no son listos, se aprovechan y entonces llegan esos chantajes emocionales y esos boicots, que hasta hace nada se hubieran solucionado con un sano cachete o, simplemente, la más absoluta indiferencia...
Claro que yo no tengo hijos... Se supone que no puedo opinar...

1:57 AM  
Blogger Detrásdelreflejo said...

Veletita, ¿tú tienes una dirección de correo?

2:01 AM  
Blogger princesa del vértigo said...

Este tema me trae por la calle de la amargura. Tengo una hija de 17 años y no duermo pensando qué va a ser de ella. Lo has descrito perfectamente. Cómo vamos a pretender que estudie en verano las dos que le han quedado si se las van a aprobar automáticamente al pasar de la ESO a bachiller. El nivel cultural que tiene es mínimo, pero por lo visto es de las mejores de la clase. Para qué va a aprender más, los hay peores y van al ritmo de éstos. No es capaz de dedicar más de 1 minuto a intentar resolver cualquier problema que se la plantee, si no se la ocurre inmediatamente es que no sabe hacerlo y ya está, no la van a exigir más. Hemos intentado hacerle ver por activa y por pasiva que tiene que disponer de recursos para resolver cualquier cosa que le surja en su vida profesional. De hecho, ha empezado un curso de monitor de tiempo libre y el primer día llegó llorando porque se veía incapaz de improvisar y tomar decisiones básicas. Tuvimos una larguísima y distendida charla sobre lo que es la vida real y parece que esto la ha hecho reaccionar un poco.
En mi entorno laboral también lo observo constantemente. En micaso llevan contratándome más de 9 años para desempeñar trabajos de más responsabilidad a mi categoría porque los técnicos son incapaces de tomar decisiones y organizar. Yo no tengo su formación pero desde luego soy mucho más resolutiva y tengo muchos más recursos para resolver.
Vienen tiempos realmente bobos

4:15 AM  
Blogger Igrein said...

Princesa del Vértigo tiene toda la razón. Me doy cuenta hasta yo que mi hija tiene 9 años!!!
No tienen que luchar por nada. Todo se les da hecho. Es horrible.
Intento educar a mi hija de otra manera, pero la gente a la que ve que no dejas que la niña haga lo que le da la real gana ya te dice: "Pero deja la chiquilla que se exprese!"
Que se exprese? Para mi que llegue a casa con la ropa destrozada no es expresarse. Que no pare de hablar en clase no es expresarse, que cuando la profe la mande callar no haga ni caso no es expresarse... es no hacer ni puto caso.
Así que yo siempre la he llevado muy recta, y aunque he tenido que aguantar muchos comentarios por como la he educado (sobretodo por mi edad) lo cierto es que tengo una niña que es una ricura.
Aunque reconozco que aún me falta mucho y que los peores tiempos estan por llegar.

7:07 AM  
Blogger princesa del vértigo said...

Igrein, es cierto que los peores tiempos están por llegar. Habrá muchos cambios, pero te aconsejo que mantengas siempre los límites, por muy difícil que te resulte no tires nunca la toalla. Es duro pero compensa, a ellos y a nosotros.

9:14 AM  
Anonymous tufiellectora said...

You are absolutely right!!!

Como si arrancaras del pecho cada cosa que se siente al percibir esa pútrida realidad...

4:25 PM  
Blogger churra said...

Sentimiento de culpa? ¿chantaje emocional?¿nivel cultural?.......

Yo tengo todo eso de lo que hablais multipilicado por 3(13,14 y 16).
No entro al tema porque quiero morirme de viejecita en un asilo como Dios manda y no de un ataque de panico.
Un saludo

4:19 PM  
Blogger ana said...

Estoy totalmente de acuerdo en todito lo que dices, y en lo que comentan tus ilustres e inteligentísimas lectoras.
Soy madre y maestra, así que vivo "el drama" desde los dos lados.
Sin embargo, me gusta aportar mi granito de arena y hacer pensar a la tierna infancia y a la correosa adolescencia. Cuando le cogen el aire, hasta les gusta, le encuentran utilidad, y todo :P
Ánimo, no vale resignarse.
Un beso.

12:45 AM  
Blogger Marga F. Rosende said...

Ahora no hay chicos con problemas, sino con dificultades, palabra que hace menos pupa. La idiotización del lenguaje lo está contaminando todo. Pero los problemas son idénticos.Y las soluciones escasas. Los muchachos con sobrecapacitación derivan en delincuentes, ante maestros que al no saber resolver sus preguntas, les ponen la mano en la boca y de paso los humillan. No critico a los profes que conste, bastante tienen,solos ante el peligro. Yo acabo de dejar de serlo.

1:43 AM  

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