Monday, August 21, 2006

Solitaria

Camino a Santo Domingo. Casi mediodía, calor, polvo y sol. Oigo unos pasos apresurados a mis espaldas. Alguien me va a adelantar. Miro de reojo y no puedo dejar de sorprenderme: es una chica bajita y, sorpresa, muy, pero que muy, gorda. “¡Buen camino!”, me saluda, y yo me quedo mirándola mientras se aleja, a una velocidad considerable, toda ella redonda, toda ella una escultura de Botero andante, y yo me quedo preguntándome si realmente estoy tan bajo de forma como para que una chica tan gorda me deje atrás de esa manera.

Un par de días más tarde coincidimos en un albergue y compartimos cena con otros peregrinos. La conversación, la típica, de dónde vienes, cuántos días llevas, etc. Se llama Marta y es de Barcelona. Apenas habrá cumplido los treinta. Es maestra de infantil, y se nota que le gusta trabajar con críos. Como tantos, ha hecho el Camino varias veces, de ahí que pueda andar tanto. “La gente se queda a bolos cuando ve a una gorda que anda tan deprisa”, nos dice sonriendo. ¡Y vaya si nos deja a bolos! Y más sorprendidos nos deja todavía cuando nos cuenta su Camino: este verano Marta ha salido, ¡de Montserrat! Y ha hecho la “ruta del Ebro”: una ruta sin caminos, sin albergues, y sin peregrinos. Marta ha camindado diecisiete días sola, ¡casi tres semanas!, desde Montserrat hasta Logroño, a lo largo del Ebro, cruzando el desierto de los Monegros (mi desierto), caminando por vías muertas de ferrocarril, por arcenes de carreteras nacionales, durmiendo en pensiones donde las había, en familias en pueblos que la acogían, otras veces simplemente en el suelo, en gasolineras, al lado de puticlubes… hasta llegar a Logroño y encontrarse con los peregrinos y los albergues del Camino francés. Nos deja a todos con los ojos abiertos como platos.

“Hay gente que piensa que lo hago por adelgazar”, nos dice, sonriendo de oreja a oreja.

Y cuesta entender cómo una persona que está tan en forma y que parece comer sólo fruta está tan gorda. Marta padece de obesidad mórbida. Si uno la mira bien, se da cuenta de que la ropa de deporte que lleva es de tallas extremas y los pantalones además están arreglados a mano. Marta sabe que su enfermedad va a terminar por postrarla, más pronto que tarde, en un sillón, o en una cama. Que la poca vida social o sentimental que nuestra sociedad permite a una chica tan gorda se terminará, que no podrá seguir trabajando con sus niños, que dentro de pocos años no podrá ya hacer de nuevo el Camino de Santiago, y que morirá joven, inválida y, probablemente, sola.

Mientras tanto, Marta sigue caminando.


Cada mañana, un ejército de sombras de vidas pasadas emprende el Camino al amanecer.

Caminan decididos, sus pasos seguros, su mirada en el horizonte. Cada paso deja atrás una parte de lo que fueron, cada paso les acerca más a libertad de quien ha dejado todo atrás.

Dicen que van a Santiago, pero en realidad no van a ninguna parte.

5 Comments:

Blogger GLAUKA said...

Más cruel que la vida no son los humanos que la juzgan por su imagen ¿verdad? Es terrible la facilidad con que juzgamos sin pararnos a pensar ... un beso, así, por sorpresa, que me ha enternecido tu post.

3:56 AM  
Blogger ana said...

Pero mientras sí mientras no, ella vive, y se hace admirar.
Esa sí que sabe!
No la compadezco, la admiro.
Un beso, reflejín.

4:42 AM  
Anonymous mosicayparolas said...

muy bueno el post, y refleja la realidad humana ¿vale la imagen tanto como el espiritu del ser humano? Pues no, tenemos que mirar adentro de las personas y no el estereotipo

7:01 AM  
Blogger Viuda de Tantamount said...

Me parece genial eso de no resignarse aunque sepas cómo continua la historia....

Es una manera de escapar del final, o de desafiarlo, cuando menos...

7:02 PM  
Anonymous Anonymous said...

admiro cómo las personas con problemas pueden llegar a sacar todo lo mejor de ellas y afrontar la vida desde el lado más optimista. no se que haría yo en esa situación.

un abrazo muy muy fuerte MARTA

5:25 AM  

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