Thursday, August 24, 2006

Marie

“Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...”


Así caminaba yo, recordando las “Soledades” de Machado, a través de los campos de Castilla, por los caminitos de España, cuando vi acercarse hacia mí a una figura menuda, en dirección contraria a la que marca el sol y el camino de las estrellas.

Al principio pensé que se trataba de un niño, de tan menuda que era la persona. ¿Un niño extraviado en el Camino, retornando al último pueblo atravesado, en busca de sus padres? Comencé a preocuparme. Conforme se fue acercando pude vislumbrar que se trataba de una mujer de cierta edad, más cerca de los setenta que de los sesenta, completamente tapada, como acostumbran a hacer los “guiris” para protegerse del sol. Avanza muy lentamente, con pasitos muy cortos, apoyándose en dos bastones y… en dirección contraria. ¿Problemas? Cuando nos encontramos y termino de percatarme, asombrado, de la edad de la caminante, le pregunto si le ha pasado algo, si se ha hecho daño, si está volviendo al último pueblo porque tiene algún problema, si necesita ayuda. Ella sonríe y me hace sentarme con ella en una de las “alpacas” de paja que jalonan nuestro camino a lo largo de la interminable llanura castellana.

Su nombre es Marie.

Marie ha caminado hasta Santiago desde… París.

“Y ahora”, me dice en un inglés macarrónico, “estoy volviendo”. Y sonríe. “Me quedan cinco semanas para llegar a París”

Marie y yo nos despedimos. Ella se pone a caminar, y yo miro cómo se aleja.

A cada paso que doy, en cada día que pasa, cada trayecto, cada encuentro, el camino se hace diferente.

Y yo con él.

Cada mañana, un ejército de sombras de vidas pasadas emprende el Camino al amanecer.

Caminan decididos, sus pasos seguros, su mirada en el horizonte. Cada paso deja atrás una parte de lo que fueron, cada paso les acerca más a libertad de quien ha dejado todo atrás.

Dicen que van a Santiago, pero en realidad no van a ninguna parte.

6 Comments:

Blogger ana said...

Anda, jódela a la abuela!!
Esto del Camino me pone los dientes laaaarrrrgoooooossss.
Antes de los cuarenta, tengo que empezarlo antes de los cuarenta.
Me hace una ilusión bárbara.
Beso.

11:21 AM  
Blogger Eulalia said...

...Me he puesto a sudar con la descripción.
Me gusta que descreas.
Un beso.

1:02 PM  
Anonymous Anonymous said...

Espero que no te refieras a mí en un comentario un tanto escatológico que he leído por ahí. Porque... qué pena si eso es lo que pensaste. Qué pena.

4:20 PM  
Anonymous Anonymous said...

No, sin duda no te refieres a mí. Es imposible, completamente imposible. Así que perdón por la intromisión, y si quieres y puedes, borra este comentario y el anterior, que yo no puedo.

4:27 PM  
Blogger Detrásdelreflejo said...

¡Hola!
no, no me refería a ti... sino a otra persona, que ya te comenté en su día. Y estuve a punto de caer en la tentación, pero al final dije que no. ¿Cómo has podido pensar eso de mí, conociéndome como me conoces? Y mira que al escribirlo sabía que lo leerías y lo pensé... M., por favor, no sigas haciéndome pasar más exámenes en mi vida, no sigas probándome, que yo no tengo que demostrar nada a nadie, ya he demostrado todo lo que tenía que demostrar.
¡Cómo eres, joer!
¿Tendré que darte nombres y apellidos para que sepas quién fue?
:-(

12:38 AM  
Anonymous Anonymous said...

No. No tienes que probar nada a nadie, don't worry. Ya lo he leído, gracias.
Si tú mismo lo pensante, tampoco es tan raro que lo pensara yo. Coinciden fechas y destino.
No te examino, no te pruebo, a mí no tienes que demostrarme nada, ni yo a tí tampoco. Si no me hubiera entrado la horrible duda de que te refirieras a mí no habría dicho ni pío, bien lo sabes. Y en cuanto me dí cuenta de que era absolutamente imposible escribí el segundo comentario que sigue ahí.
¿Como soy?

2:30 AM  

Post a Comment

<< Home