Friday, August 18, 2006

El holandés errante

Nájera. Haciendo cola para entrar al albergue.

Un grupo de peregrinos, alegres por haber concluido una etapa corta y bonita, llevamos una animada conversación en inglés, francés, alemán y español. A nuestro lado un hombre alto, delgado, de unos cincuenta años, de ojos celestes y mirada perdida, fuma uno de esos cigarrillos holandeses de aroma melifluo y almibarado.

Es Jan.

Jan está ahí y no está. Escucha nuestra conversación y no habla. Forma parte del grupo pero no nos mira. Su mirada permanece en suspenso, sus ojos a la deriva en un océano de estelas en la mar. Jan lleva el camino en los ojos, y los demás lo sabemos, todos reconocemos esa mirada perdida que extiende la vista hasta el infinito, la mirada del caminante, la divisa del camino que se imprime en los ojos del cuerpo y en los del alma.

Finalmente, interrumpiendo nuestras risas, Jan se agacha para coger la mochila y nos dice, en buen alemán, “wir sind dran” (nos toca), y todo el grupo callamos y le seguimos dentro del albergue.

Por la tarde, Jan está sentado, fumando, en un banco del parque. Su mirada sigue en suspenso. Me siento en el banco con otro peregrino, para cenar un bocadillo, y entablamos conversación. Lo típico en estos casos: primero nos ofrecemos la cena los unos a los otros, y luego hablamos de la jornada y de lo que nos queda. Y del Camino. Jan no nos mira, ni habla, sólo escucha. Pero, ante la típica pregunta de si ha venido por el camino navarro o por el aragonés, Jan nos deja mudos con su contestación. Jan comenzó a caminar en la misma puerta de su casa, en Holanda. Salió y decidió que no iba a mirar atrás. Lleva caminando seis semanas, ¡seis semanas! a través de Holanda, Bélgica y Francia, solo, sin caminos, sin albergues, por los arcenes de las carreteras, hasta que hace dos semanas enlazó con la red de caminos y albergues del sur de Francia.
Jan ha hablado sin mirarnos, su mirada extraviada, envuelta en el humo de su cigarrillo acaramelado. Y Jan calla, pero su mirada sigue hablándonos, en silencio, y contándonos del Camino, mientras terminamos, callados, nuestra cena.

Por la mañana, cuando nos despertamos, nos encontramos la cama de Jan desierta. Libre ya, limpia de pasado, esperando al futuro. Como su mirada.

Cada mañana, un ejército de sombras de vidas pasadas emprende el Camino al amanecer.

Caminan decididos, sus pasos seguros, su mirada en el horizonte. Cada paso deja atrás una parte de lo que fueron, cada paso les acerca más a libertad de quien ha dejado todo atrás.

Dicen que van a Santiago, pero en realidad no van a ninguna parte.

4 Comments:

Blogger Eulalia said...

Todos somos caminantes, aunque unos lo saben y otros no. Estos últimos se balancean desorientados y no se mueven del sitio.
Un beso.

1:34 AM  
Blogger GLAUKA said...

Van hacia sí mismos, pese a que se digan adios por el camino.

2:07 AM  
Blogger ana said...

Estoy viviendo el Camino casi como si lo estuviera haciendo. Hablando con peregrinos, escuchando las historias que me cuenta la gente de aquí...y no sé si me puede la magia de este ambiente o me da terror pensar en lo que cada uno lleva a cuestas...
Sigo pensando que hay que hacerlo. Pero cada día que pasa me da más respeto.

10:10 AM  
Blogger Viuda de Tantamount said...

Si...si...ya sé que soy mega lenta...


Pero..He aprendido para que sirve el Bloglines ese....Experimentaba con tu blog...y zass...funciono¡¡

11:30 PM  

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