Thursday, August 31, 2006

Escepticismo (y 2)

Las desgracias nunca vienen solas.

Fui pobre durante muchos años. "Pobre" de los que no le llega el sueldo a fin de mes, y tiene que pedir prestado para salir del paso. Afortunadamente, ya no lo soy.

De aquello me ha quedado una actitud muy austera frente al gasto. De aquello, y de mi "espiritualidad" de andar por casa, que hace que cada vez que gasto en la menor tontería me pregunte mil veces si realmente lo necesito. Hasta la línea de teléfono cancelé, hace unos meses, porque podía usar la conexión a internet del trabajo. Eso sí, ahorro que da gusto, y a mis hijos no les falta de nada.

Para mi trabajo es imprescindible el ordenador, y parte del trabajo lo hago en casa, así que hace años compré un portátil de segunda mano con el que trabajo por las tardes. El portátil es antediluviano, no se conecta a la red, windows 98, no admite nuevo software... varias veces lo he dado por muerto y milagrosamente lo he recuperado... y el portátil me obliga a almacenar todas mis cosas en una memoria usb, para cambiar archivos de un ordenador a otro. En mi línea anti-consumista tenía una desde hace unos años, siempre al límite de su escasa capacidad. Para mi cumpleaños, hace un mes, me regalaron una nueva, con mp3, y jubilé la vieja. Hoy la nueva me ha dejado tirado. Tiene un fantástico programa de recuperación ... que borra todos los archivos. Qué divertido.

Pierdo el trabajo de un mes. Pero lo más triste de todo era que todo ese trabajo era una mierda. No valía para nada. Mierda de verano.

Y yo viendo cómo crece el dinero en mi cuenta, y pensando que voy a enviar a estudiar a mis hijos a la universidad que ellos escojan...

Creo que soy patético.

Me voy a dar un chute de autoestima y de consumismo. Me voy a comprar un portátil. Uno que pueda sincronizar con otros ordenadores, que me pueda llevar al trabajo y conectarlo a la red allí, que me permita contestar al correo, trabajar por las tardes sin problemas, no andar dependiendo de copias de seguridad de juguetitos de treinta euros, conectarme a la red wifi cuando esté con mis hijos...

¿Me lo merezco? No. ¿Lo necesito? Supongo que tampoco, Cervantes escribía con pluma de ganso...

Pero sólo tengo una vida y, si yo no la pongo en valor, si nadie me va a decir que merezco la pena, si todo lo que recibo son exigencias de haz esto y dame lo otro (para qué si no están los hijos) ... si tuviera una pareja me diría "no seas tonto, cómprate el portátil y deja de andar por ahí como un pordiosero de la informática, cualquiera lo diría, con tu trabajo, siendo quién eres, cómo puedes ir así por la vida...". para eso sirven las parejas, no? Para que en momentos así te digan "tú lo vales". Pero claro, eso te lo tiene que decir otra persona.

Me voy a comprar un portátil pero eso no cambiará nada y seguiré siendo el mismo de ayer. Escéptico. Ahora, además, escéptico frente estos aparatitos tan monos y tan modernos que te joden un mes de trabajo y encima te hacen caer en la cuenta de que ese mes ha sido prescindible, que no valía nada. Y, cada vez más, escéptico conmigo mismo.

Tuesday, August 29, 2006

Escéptico

He recibido algunos comentarios en el "blog", y algunas contestaciones a comentarios míos en otros "blogs", en los que me califican de "ácido".

No, no creo que sea ácido o sarcástico, porque ello conllevaría un componente de dolor, de amargura, y también de ganas de hacer daño, que yo no tengo.

Creo que el adjetivo que mejor me definiría en estos meses es el de "escéptico". Escéptico con todo y, lo peor de todo, escéptico con todos.

Y es que no creo en casi nada ni en casi nadie. En casi nada, salvo en Dios. En casi nadie, salvo en mis hijos.

Leo en otros "blogs" que la gente se emociona por cosas que le suceden, que se entristece, que defienden pasionalmente algunas cosas en las que creen, que luchan, que se enamoran, se desenamoran, sufren el dolor del abandono, o de la traición… creen en grandes cosas, y creen también en pequeñas cosas pero, tanto los que escriben sobre el sentido de la vida como los que escriben sobre lo mala que es la televisión, creen en algo y viven por ello. Envidio a los que disfrutan viendo ganar a su partido político, envidio a los que se corren de gusto viendo a once gilipollas darle patadas a un balón, … no sé…son felices. Yo también soy feliz. Más o menos. Por lo menos no soy desgraciado. No, desgraciado no soy.

Pero soy incapaz de sentir nada de eso, ni por una gran causa ni por una pequeña causa, porque en este momento en el que me encuentro sería incapaz de enamorarme, de ninguna persona, menos todavía de una idea, de un pensamiento, de una causa … nada.

Nadie que no sean mis hijos hace que esta vida tenga sentido para mí.

Y no veo nada más allá después de mis hijos. Faltan pocos años para que se vayan de casa. ¿Qué haré entonces? ¿Esperar a que vengan mis nietos?

No se me malinterprete: no soy desgraciado, no tengo ningún dolor ni pena que curar, no estoy deprimido… no. Simplemente, mis creencias sólo alcanzan para dar sentido a una vida religiosa contemplativa y a esperar a que mis hijos me pidan la merienda y dinero para salir con sus amigos.

Y todo lo demás pasa a mi lado, y yo lo miro, indiferente, escéptico, preguntándome si me interesa, y no encontrando la respuesta a esa pregunta ....

Monday, August 28, 2006

Política rectal

Este fin de semana he estado leyendo un libro de memorias de C. S. Lewis. Lewis fue un reputado profesor de literatura en Oxford en la primera mitad del siglo XX. Recientemente se ha hecho conocido en España por una versión para el cine de sus famosos libros infantiles (la saga de “Narnia”). Algunos lo recordarán también porque un episodio de su vida se glosó en una película hace unos quince años, “Shadowlands”, protagonizada por Anthony Hopkins y Debra Winger.

Entre sus recuerdos infantiles, Lewis narra sus experiencias en los internados a los que los ricos ingleses enviaban a sus vástagos. Lewis pasó por ellos a principios del siglo XX. Entre los alumnos existía un rígido sistema clasista de castas, fundamentado sobre todo en la edad, pero también en el carisma de los alumnos (carácter dominante, habilidades deportivas, belleza física… y, sólo en última instancia, excelencia académica). Los alumnos dominantes estaban autorizados a esclavizar a los dominados, generalmente los más pequeños, que se veían obligados a realizar para ellos toda clase de tareas, como limpiar los zapatos, planchar la ropa, servir las comidas, etc. etc. También era normal que los alumnos dominantes sometieran a castigos físicos a los dominados si éstos incurrían en alguna falta en sus deberes como “esclavos”. Finalmente, Lewis narra, con la mayor naturalidad que uno pueda imaginar, como en los primeros días de residencia los “mayores” seleccionaban entre los niños nuevos, de apenas once años de edad, a los que serían sus “putos” . Éstos, además de ser sus sirvientes personales, serían sodomizados a placer, tanto por su “amo” como por cualquier otro “amo” al que fuera cedido, hasta que la adolescencia hiciera que sus rasgos se masculinizaran demasiado. Todo ello con el conocimiento de todos los alumnos del centro, la aquiescencia tácita de los padres, que generalmente habían sido en su tiempo alumnos del colegio, y el beneplácito del profesorado y de la dirección del colegio, que era de carácter religioso.

Claro que nadie, ni profesores, ni padres, ni alumnos, consideraban aquello como “prácticas homosexuales”. Aunque, ciertamente, se evitara hablar de ello fuera de los muros del colegio, como se evitaba hablar de tantas cosas en aquella época, pero ello no hacía que esas prácticas fueran menos conocidas y aceptadas. Pero no como homosexualidad. Se trataba de otra cosa: para el converso y ferviente cristiano Lewis el hecho mismo de la violación pederasta no era tan horrible en sí (aunque no lo confiesa, es fácil adivinar que él mismo fue también en alguna ocasión sodomizado) como la aceptación, incluso de buen grado, que poco a poco se establecía entre los alumnos, y la bajeza moral que ello conllevaba. Con el paso de los meses, ser sodomizado por un alumno dominante pasaba pronto de ser un castigo a ser algo “normal”, y si el alumno era un ídolo se consideraba ya un honor y un privilegio. Y estamos hablando de algo que se consideraba entonces un crimen, tanto o más que ahora, en el que la homosexualidad ya no está penalizada. Sin embargo, fuera de la lectura moral y cristiana que hace Lewis, se puede hacer una lectura política de la sodomía pederasta entre las clases dominantes británicas. No se trataba de que los dominantes del colegio se aliviaran: se trataba, sobre todo, de que el colegio, con el beneplácito de padres y profesores, impartiera a los alumnos una serie de lecciones muchísimo más importantes que cualquiera de las enseñanzas académicas que allí se impartían:

- Que es “normal” que la sociedad se divida en clases, que éstas tienen un origen más o menos “natural”, y que es el derecho de los “superiores” servirse de los inferiores, y la obligación de los “inferiores” someterse de buen grado y aspirar, en la medida de sus posibilidades, a convertirse en dominadores en el orden “natural”.

- Que las clases superiores están por encima de la ley y de la moral y que tienen el derecho de permitirse las más abominables costumbres y hábitos, incluso fuera de la ley, que sólo está hecha para los “inferiores”.

- Que estas prácticas de poder, que son las que sostienen la “jerarquía natural” de la sociedad, deben ser llevadas a cabo, si no secretamente, sí discretamente, para un mejor funcionamiento del sistema.

Y así salían de aquellos colegios los adolescentes británicos con el principio fundamental de funcionamiento del imperio británico, válida tanto en el país como en su relación con las colonias y los colonizados, perfectamente interiorizado.

Por el culo.

P.D.: falta una semana para que mi hijo se vaya al internado...

Friday, August 25, 2006

Vanitas



Powered by Castpost

¡Qué tonto soy!

Mira que me empeño en librarme de mi vanidad, en decirme adiós a mí mismo… y viene alguien, duda de mí, y yo me pongo como una moto.

¡Por qué me empeño tanto en defender mi imagen, por qué me importa tanto lo que piensen de mí!

Vanidad de vanidades, todo vanidad.

A ver si escarmentando aprendo: mi “imagen” no merece la pena que me lleve estos cabreos. ¡Que soy demasiado creído!

Mejor me tomo menos en serio y me doy un paseíto por el lado bonito de la calle, ¿vale, vanidosín, que eres un vanidosín?

Thursday, August 24, 2006

Marie

“Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...”


Así caminaba yo, recordando las “Soledades” de Machado, a través de los campos de Castilla, por los caminitos de España, cuando vi acercarse hacia mí a una figura menuda, en dirección contraria a la que marca el sol y el camino de las estrellas.

Al principio pensé que se trataba de un niño, de tan menuda que era la persona. ¿Un niño extraviado en el Camino, retornando al último pueblo atravesado, en busca de sus padres? Comencé a preocuparme. Conforme se fue acercando pude vislumbrar que se trataba de una mujer de cierta edad, más cerca de los setenta que de los sesenta, completamente tapada, como acostumbran a hacer los “guiris” para protegerse del sol. Avanza muy lentamente, con pasitos muy cortos, apoyándose en dos bastones y… en dirección contraria. ¿Problemas? Cuando nos encontramos y termino de percatarme, asombrado, de la edad de la caminante, le pregunto si le ha pasado algo, si se ha hecho daño, si está volviendo al último pueblo porque tiene algún problema, si necesita ayuda. Ella sonríe y me hace sentarme con ella en una de las “alpacas” de paja que jalonan nuestro camino a lo largo de la interminable llanura castellana.

Su nombre es Marie.

Marie ha caminado hasta Santiago desde… París.

“Y ahora”, me dice en un inglés macarrónico, “estoy volviendo”. Y sonríe. “Me quedan cinco semanas para llegar a París”

Marie y yo nos despedimos. Ella se pone a caminar, y yo miro cómo se aleja.

A cada paso que doy, en cada día que pasa, cada trayecto, cada encuentro, el camino se hace diferente.

Y yo con él.

Cada mañana, un ejército de sombras de vidas pasadas emprende el Camino al amanecer.

Caminan decididos, sus pasos seguros, su mirada en el horizonte. Cada paso deja atrás una parte de lo que fueron, cada paso les acerca más a libertad de quien ha dejado todo atrás.

Dicen que van a Santiago, pero en realidad no van a ninguna parte.

Wednesday, August 23, 2006

Algo está pasando



Powered by Castpost

Estamos a final de septiembre y en el mercawoman todavía no tienen uva de temporada.

¿Qué está sucediendo?

Monday, August 21, 2006

Solitaria

Camino a Santo Domingo. Casi mediodía, calor, polvo y sol. Oigo unos pasos apresurados a mis espaldas. Alguien me va a adelantar. Miro de reojo y no puedo dejar de sorprenderme: es una chica bajita y, sorpresa, muy, pero que muy, gorda. “¡Buen camino!”, me saluda, y yo me quedo mirándola mientras se aleja, a una velocidad considerable, toda ella redonda, toda ella una escultura de Botero andante, y yo me quedo preguntándome si realmente estoy tan bajo de forma como para que una chica tan gorda me deje atrás de esa manera.

Un par de días más tarde coincidimos en un albergue y compartimos cena con otros peregrinos. La conversación, la típica, de dónde vienes, cuántos días llevas, etc. Se llama Marta y es de Barcelona. Apenas habrá cumplido los treinta. Es maestra de infantil, y se nota que le gusta trabajar con críos. Como tantos, ha hecho el Camino varias veces, de ahí que pueda andar tanto. “La gente se queda a bolos cuando ve a una gorda que anda tan deprisa”, nos dice sonriendo. ¡Y vaya si nos deja a bolos! Y más sorprendidos nos deja todavía cuando nos cuenta su Camino: este verano Marta ha salido, ¡de Montserrat! Y ha hecho la “ruta del Ebro”: una ruta sin caminos, sin albergues, y sin peregrinos. Marta ha camindado diecisiete días sola, ¡casi tres semanas!, desde Montserrat hasta Logroño, a lo largo del Ebro, cruzando el desierto de los Monegros (mi desierto), caminando por vías muertas de ferrocarril, por arcenes de carreteras nacionales, durmiendo en pensiones donde las había, en familias en pueblos que la acogían, otras veces simplemente en el suelo, en gasolineras, al lado de puticlubes… hasta llegar a Logroño y encontrarse con los peregrinos y los albergues del Camino francés. Nos deja a todos con los ojos abiertos como platos.

“Hay gente que piensa que lo hago por adelgazar”, nos dice, sonriendo de oreja a oreja.

Y cuesta entender cómo una persona que está tan en forma y que parece comer sólo fruta está tan gorda. Marta padece de obesidad mórbida. Si uno la mira bien, se da cuenta de que la ropa de deporte que lleva es de tallas extremas y los pantalones además están arreglados a mano. Marta sabe que su enfermedad va a terminar por postrarla, más pronto que tarde, en un sillón, o en una cama. Que la poca vida social o sentimental que nuestra sociedad permite a una chica tan gorda se terminará, que no podrá seguir trabajando con sus niños, que dentro de pocos años no podrá ya hacer de nuevo el Camino de Santiago, y que morirá joven, inválida y, probablemente, sola.

Mientras tanto, Marta sigue caminando.


Cada mañana, un ejército de sombras de vidas pasadas emprende el Camino al amanecer.

Caminan decididos, sus pasos seguros, su mirada en el horizonte. Cada paso deja atrás una parte de lo que fueron, cada paso les acerca más a libertad de quien ha dejado todo atrás.

Dicen que van a Santiago, pero en realidad no van a ninguna parte.

Friday, August 18, 2006

El holandés errante

Nájera. Haciendo cola para entrar al albergue.

Un grupo de peregrinos, alegres por haber concluido una etapa corta y bonita, llevamos una animada conversación en inglés, francés, alemán y español. A nuestro lado un hombre alto, delgado, de unos cincuenta años, de ojos celestes y mirada perdida, fuma uno de esos cigarrillos holandeses de aroma melifluo y almibarado.

Es Jan.

Jan está ahí y no está. Escucha nuestra conversación y no habla. Forma parte del grupo pero no nos mira. Su mirada permanece en suspenso, sus ojos a la deriva en un océano de estelas en la mar. Jan lleva el camino en los ojos, y los demás lo sabemos, todos reconocemos esa mirada perdida que extiende la vista hasta el infinito, la mirada del caminante, la divisa del camino que se imprime en los ojos del cuerpo y en los del alma.

Finalmente, interrumpiendo nuestras risas, Jan se agacha para coger la mochila y nos dice, en buen alemán, “wir sind dran” (nos toca), y todo el grupo callamos y le seguimos dentro del albergue.

Por la tarde, Jan está sentado, fumando, en un banco del parque. Su mirada sigue en suspenso. Me siento en el banco con otro peregrino, para cenar un bocadillo, y entablamos conversación. Lo típico en estos casos: primero nos ofrecemos la cena los unos a los otros, y luego hablamos de la jornada y de lo que nos queda. Y del Camino. Jan no nos mira, ni habla, sólo escucha. Pero, ante la típica pregunta de si ha venido por el camino navarro o por el aragonés, Jan nos deja mudos con su contestación. Jan comenzó a caminar en la misma puerta de su casa, en Holanda. Salió y decidió que no iba a mirar atrás. Lleva caminando seis semanas, ¡seis semanas! a través de Holanda, Bélgica y Francia, solo, sin caminos, sin albergues, por los arcenes de las carreteras, hasta que hace dos semanas enlazó con la red de caminos y albergues del sur de Francia.
Jan ha hablado sin mirarnos, su mirada extraviada, envuelta en el humo de su cigarrillo acaramelado. Y Jan calla, pero su mirada sigue hablándonos, en silencio, y contándonos del Camino, mientras terminamos, callados, nuestra cena.

Por la mañana, cuando nos despertamos, nos encontramos la cama de Jan desierta. Libre ya, limpia de pasado, esperando al futuro. Como su mirada.

Cada mañana, un ejército de sombras de vidas pasadas emprende el Camino al amanecer.

Caminan decididos, sus pasos seguros, su mirada en el horizonte. Cada paso deja atrás una parte de lo que fueron, cada paso les acerca más a libertad de quien ha dejado todo atrás.

Dicen que van a Santiago, pero en realidad no van a ninguna parte.

Wednesday, August 16, 2006

¿de vuelta?

Ya estoy en casa, pero no estoy de vuelta...

Ayer llegué a León, arrastrándome, como en cada final de etapa, aunque ayer todavía más. Lo más importante para soportar esas palizas andando no son las fuerzas físicas sino las mentales, y éstas flaquean mucho cuando sabes que es el último día, el último esfuerzo...pero bien, llegué, y llegué en buena hora además, mi intención hubiera sido coger el primer tren de vuelta pero, como temía, estaba todo vendido, siendo festivo ayer. Podía haberme quedado a dormir en León pero decidí que no quería terminar la peregrinación de este verano en un hotel, que la terminaría en mi casa, así queme fui a la catedral a dar gracias por haber llegado hasta allí y luego pasé la tarde vagabundeando por León, cogí un tren nocturno, he dormido un par de horas en un banco de una estación de España (un "segurata" me ha echado como si fuera un mengido :-)))), luego otro tren, luego caminar hasta donde tenía el coche... y a las ochohe llegado a mi casa y he terminado como quería mi peregrinación, me he duchado y he dormido ocho horas de un tirón, en mi cama, ¡qué lujo!

León es un sitio que me gusta mucho, siempre me trae buenos recuerdos de la primera vez que estuve allí, yo actuaba en un grupo de teatro aficionado y nos tocaba ir allí, y yo bebía los vientos por una leonesa que estudiaba conmigo ... la chica en cuestión terminó presentándome a una compañera de piso que luego sería la madre de mis hijos ¡qué bonita historia con tan mal final! Cuando uno echa la vista atrás siempre se asombra de las casualidades de la vida, de los hechos fortuitos que marcan cambios tan importantes del destino, qué hubiera sido de mi vida si cuando Elena me propuso quedar con sus compañeras yo no hubiera acudido, no tendrían ahora los maravillosos hijos que tengo pero cuánto sufrimiento me hubiera ahorrado... ay, la vida es algo muy extraño.

Pero bien, que estoy en casa, pero mentalmente sigo en el Camino. Triste, estoy muy triste por haber tenido que dejarlo. Físicamente sigo muy mal, tengo frío, debo de estar débil, me he quitado los vendajes del tobillo y casi han desaparecido los dolores de la tendinitis, me estoy curando las ampollas pero, con todo... cuánto me gustaría no haberlo tenido que dejar.

He vuelto, pero soy otro. Soy el que sigue caminando. Difícil de explicar, si no se ha hecho el Camino. Imposible de explicar, en realidad. Así que no diré más sobre esto.

En los próximos días iré contando, ahora que tengo ordenador y tiempo, de la fantástica gente que he conocido por los caminos de España.

Ahora me voy a cotillear qué habéis escrito estas dos semanas en los "blogs" :-)

Monday, August 14, 2006

Reliegos

Provincia de León.

Quería escribir un "post" pero va a ser imposible. Éste es el único ordenador del pueblo, está en el albergue, un proyecto europeo o algo así, y he tenido que hacer cola para usarlo. Primero con unos quinceañeros que estaban con el "messenger", luego con una señá María que miraba no se qué en el foro y que resultaba alucinante que supiera usar el ordenador, le habrán dado un cursillo, luego con otros dos críos.... y ahora por fin es mío, pero me ha costado mucho convencer a una niña que tengo aquí de que no quiero que lea lo que escribo, su único entretenimiento en toda la tarde es mirar, ni por encima del hombro ni nada, sin ningún disimulo, con su nariz a dos centímetros de la pantalla, todo lo que escriben los peregrinos, y si es en otro idioma mejor, que le divierte mucho.... y, como decía, con mucho esfuerzo he conseguido que se siente a cinco metros ("¿aquí está bien?" "no, más lejos" "¿más, aquí sí?").... y ahora está dando vueltas por la habitación y cantando la canción del verano del verano pasado (en rumano)... en fin, que mejor dejo el "post" para otro día.

Reliegos, decía, provincia de León.

Sunday, August 13, 2006

Sahagún

En León.

Ancha es Castilla y yo me la he cruzado entera. Con dos cojones.

Resulta imposible hablar de este pueblo con los extranjeros, y ellos entre sí tampoco se entienden, es imposible. Los alemanes lo pronuncian sajagun (acento en la penúltima sílaba), los franceses seguín, los ingleses sogán... en esto de las pronunciaciones de los toponímicos extranjeros, cada perro se lame su polla. Guau.

Y, hablando de pollas, hoy tengo un ampene nuevo y enorme. Y es que la etapa de hoy ha sido un palizón: treinta y ocho quilómetros, que se dice pronto. Probad a decidlo deprisa y veréis qué pronto se dice. Treinta y ocho. Me he despertado a las cinco y media, he comenzado a andar a las seis de la mañana y, haciendo cuatro pausas de menos de un cuarto de hora, he llegado a las tres y cuarto de la tarde. Pero no quedaba otro remedio, si quiero llegar a León en buena hora pasado mañana. Mañana otros treinta quilómetros y me quedaré a veinte de León, y pasado mañana termino, si Dios quiere, el periplo del camino este verano...

Ayer misa de peregrinos. Después de la misa, bendición al peregrino en la sacristía, en todos los idiomas. El cura se lo montó bien, a muchos se les escaparon las lágrimas, yo me las tuve que tragar también. Te emocionas, no lo puedes evitar. Los que estábamos ayer allí, los que habíamos llegado a Carrión, habíamos pasado mucho, muchísimo... pero bien, vino bien la cosa, porque hoy he necesitado todas las fuerzas, sobre todo las mentales y las espirituales. Al final, con el tobillo patatero y vendado, con los ampenes dando guerra, con la mochila a la espalda, el calor del mediodía, los quilómetros que llevas en las piernas... cuando llevas varios días andando, te das cuenta de que no son las fuerzas físicas las que te permiten cumplir cada día la etapa, porque las fuerzas físicas son las que primero fallan. Al final del día, cuando llegas, te das cuenta de que ...
... sólo es cuestión de fe.

Saturday, August 12, 2006

Carry on

De los Condes.

Provincia de Palencia.

De aquí eran los infantes que se calzaron a las hijas del Cid. ¿Fue en Santo Domingo de la Calzada? No lo sé, no me acuerdo.

Carry on.

Llevo desde que empecé a andar sin hacerme ni una mísera pajilla, falta de intimidad, y esta mañana me he empalmado como un burro, mientras caminaba, cuando me ha adelantado un culito en bicicleta y yo no he podido dejar de pensar en los infantes de Carrión y en cómo se la clavaría yo al culito ése.

Carry on.

Se nota que estoy más animado. Ayer por la tarde, en la farmacia de Frómista, obraron el milagro. Después de añadir la historia de mi tobillo patatero a su repertorio de anécdotas del Camino (del cual me ofrecieron media hora de muestra) me hicieron un vendaje muy fuerte que me está sujetando el tobillo y que no me deja andar bien pero, por lo menos, me permite andar sin tanto dolor. Y hasta aquí he llegado. Hoy tocaba etapa corta y parada obligatoria aquí, ya que el siguiente pueblo dista diecisiete quilómetros, sin paradas, sin pueblos, sin sombra, sin ni siquiera bancos para sentarse, diecisiete quilómetros de recta y plana llanura castellana, y eso sólo se puede hacer a principio de etapa, de noche-madrugada, sin el calor. Así que parada obligatoria y mañana, a las cinco...

Carry on.

"Carry on
Love is coming
Love is coming
To us all"
("Carry on", de Crosby, Still, Nash and Young)

Friday, August 11, 2006

Frómista

Provincia de Palencia.

No sé cómo he llegado hasta aquí. Si me hubieran dicho, antes de empezar este tramo, que iba a estar tan mal y que iba a seguir caminando, no me lo hubiera creído. Estoy totalmente cojo del pie izquierdo, con un bulto ahí que no tenía cuando nací, y llevo ya gastado un tubo de voltarén. El bastón de andar lo llevo de muleta y así, cojeando, voy andando.

He tenido un par de "momentos me piro", de sentarme en la cuneta, de llorar de dolor y de rabia y de decidir que lo tenía que dejar. El primero fue hace unos días, en los Montes de Oca, a las siete de la mañana, me dije que si al día siguiente en Burgos llegaba así cogería el tren de vuelta, porque así no se puede ni dar un paso. Pero fue llegar a San Juan de Ortega y echarle una oración en la iglesia al patrón, San Nicolás, o quizás fue el café, el voltarén y la cagada (en ese orden), no lo sé, el caso es que a la pata coja conseguí llegar y hacer noche en Atapuerca. Y antesdeayer a Burgos. Pero hoy otra vez, me he metido treinta y cuatro kilómetros y tengo el tobillo y la parte de arriba del tobillo como una patata, pero tenía que llegar hasta aquí porque en los otros pueblos no hay farmacia, y tengo que comprar voltarén, árnica, agujas desinfectadas para las ampollas...

He hecho los últimos quilómetros marcándome yo mismo el paso eins-zwei-eins-zwei (el alemán impone más disciplina para esto) y como en un mareo... intentando todo el tiempo no pensar, no mirar hacia delante para no ver cuánto faltaba, mirando sólo al suelo, sobre todo no pensar, sólo marchar, nur machieren, eins - zwei - eins- zwei .... links - ah- links - ah- links-rechts-links-ah...

Pero bien, aquí estoy.

Frómista. Fantástica iglesia románica, que voy a visitar en un momento. La tengo aquí, la veo por la ventana. Está relacionada con la catedral de Jaca y con la de Sangüesa, ambas en el camino, por la banda taqueada que rodea sus paredes, el "ajedrezado jaqués".

Me quedan cuatro minutos de ordenador. Voy a mirar el correo.

Hasta otra.

Monday, August 07, 2006

Villafranca de Montes de Oca

Provincia de Burgos.

He sufrido lo indecible para llegar hasta aquí, los últimos quince quilómetros cojeando malamente. Hoy he aprendido cómo andan los abuelos con el bastón, pero la última hora ni eso, el bastón me ha hecho de muleta. Pero he llegado.

Tengo un bulto en el tobillo izquierdo que antes no tenía. Vamos, una enorme inflamación, que no tengo en el tobillo derecho. Llevo de todo, la farmacia ambulante, salí con Voltarén y alcohol de romero, pero esta mañana un italiano me ha enseñado que eso del "árnica" de nuestros abuelos todavía existe, y lo venden en las farmacias en forma de gel. La farmacéutica estaba buenísima.

No sé qué va a pasar conmigo. Si puedo andar mañana, seguiré. De momento es imposible. Aunque cada tarde parece imposible, y a la mañana siguiente milagrosamente siempre sigues. Estoy un poco de mala leche porque me encuentro genial, no tengo cansancio, ni agujetas, ni siquiera "ampenes" (no seamos soeces), pero me temo que lo que tengo en el tobillo no se me va a pasar caminando más, y así no puedo plantearme mañana ni hacer un quilómetro más. Veremos.

Por lo demás, muy bien. He conocido a gente ... bueno, impresionante sería poco... cuando vuelva escribiré algunos "posts" sobre ellos.

Ale, voy a poner el piececito en remojo y luego otra friega de voltarén y árnica...

P.D. : he leído mi "post" anterior. Creo que es el mejor "post" de mi vida, surrealismo en estado puro. ¿Escritura automática? Podría ser el origen de un nuevo género literario, el "erratismo", escribir sin poder ver la pantalla y achacar las erratas a "errores freudianos"... cómo me gusto a mí mismo, tres días de Camino y siguo siendo igual de gilipollas...

Saturday, August 05, 2006

Nájera

Pirmer d´çia
Estoy escribiendo en un ordenador al que apenas le puedo ver la pantalla así que, si hay alguna errata, ruego que se disculpe.

estpu boiem. ,uy cansado, pero el "palo" ha sido menos de lo que esperaba, no estoy en tan baja forma!Muy animdo, y muy "espirituado". Como el año pasado, mis idiomas me están haciendo bastante popular zquí... sin embargo, me gustaría seguir caminando solo, no quiero que nadie se me pegue. Esta noche "bendición del peregrino". Y no sé qué más contar... realmente, esta experienciaes indescripttible. quien no sepa lo que es esto no se lo podrá imaginar por mucho que intente describirlo.
Llevo toda la tarde con lo
Y qué decir de los hipitaleros voluntarios!!!!! Increíble, trabajando por nada y siempre con una sonridsa para todos!
NinguNingún "ampnene" (mno digamos ordinarieces) hoy. Ahora me voy a poner voltarén.

Mañana... SAnto domingo :-)

Thursday, August 03, 2006

Vamos que nos vamos

Pues sí... me largo. A continuar lo que comencé el verano pasado: el Camino de Santiago.

El verano pasado me quedé en Logroño. Este verano tengo dos semanas y confío en llegar hasta León. Es una parte del camino que muchos "turistas" se saltan, por la aridez de las llanuras castellanas. Yo, sin embargo, que soy nacido en el desierto, estoy seguro de que es una de las partes que más voy a disfrutar. Por no hablar de las catedrales de Burgos y León, y de Nájera, y de Sto. Domingo, etc. etc.

Voy con un poco de miedo porque no estoy tan en forma como el año pasado ni como sería deseable. Y el calor que está haciendo este verano... sé que los primeros días se me van a hacer durísimos. En fin, si no se llega al final de la etapa pues no se llega, haré etapas más cortas y ya está.

Pues nada, este "blog" se toma un par de semanitas de vacaciones, y este "bloguero" se va a recargar sus baterías espirituales, que falta le hace.

Un abrazo a todos los lectores y que paséis un buen verano.

Tuesday, August 01, 2006

Anecdotario de verano (III)

El otro día me fui a comer a casa de mi madre. Me pidió que bajara a comprar el pan y, saliendo de la panadería, me crucé con Luis Roldán, que entraba.

No es la primera vez que me lo cruzo por el barrio, pero las veces anteriores iba con guardaespaldas detrás (sí, sí, en sus permisos carcelarios salía con guardaespaldas, no sé si para que no escapara o por ser lo que fue en la Guardia Civil) y ahora ya no.

Me dice mi madre, que está al cabo de la calle de todo lo que pasa en el barrio, que tiene un tercer grado o no sé qué y que está en la calle, viviendo con su madre, ya que los pisos que tenía le fueron embargados.

Es llamativo que, teniendo esa cara de culo de monja que tiene tan reconocible, el tío no se haya dejado la barba para no ser reconocido. Le dará igual que le miren por la calle. Ciertamente, es un sinvergüenza, en la mejor tradición de la sinvergonzonería nacional: orgulloso de haber “trincado” y mirando por encima del hombro a los estúpidos que de nuestros impuestos le hemos pagado una fortuna. Como los hay a decenas de miles en este país marbellero. Seguro que además él tiene un buen concepto de sí mismo y se justifica, con algo así como “yo soy una víctima que he ido a la cárcel, los demás no” o “yo por lo menos doy la cara, los otros se esconden y/o siguen robando en el partido y en la administración”.

Luis Roldán se pasó unos años en el Hotel Rejas pero la pasta que trincó no ha aparecido.

O sea.