Friday, July 07, 2006

Personajes en busca de un autor (II): Venus Afrodita

Afrodita para los griegos, Venus para los romanos, nuestro personaje arquetípico tiene el dudoso honor de ser el elegido por “locas”, “drags” y “trans” para “expresar su feminidad”, haciendo así un flaco favor al resto de los arquetipos femeninos de la literatura universal y, sobre todo, a la mayoría de las mujeres, que en absoluto se sienten representadas por ese patrón de feminidad, por lo menos no tan exageradamente ni de manera tan exclusiva. Pero qué se le va a hacer.

Afrodita tuvo la suerte o la desgracia de nacer sensual, demasiado sensual y muy creativa. No es tonta, pero lo parece: puede ser muy inteligente, pero se siente demasiado atraída por todo aquello que tenga que ver con su cuerpo y con sus sentidos (fragancias, sensaciones, apariencia externa, etc.) y por todo lo que tenga que ver con la creación artística y demasiado poco atraída por el pensamiento abstracto y por ello, aunque sea inteligente, no cultiva demasiado su vida interior ni se siente atraída por el estudio o las carreras más académicas. Como adolescente, es la típica “lolita”, que inmortalizara Nabokov: en esa edad en la que la mayoría de las niñas se sienten cohibidas por sus recién estrenadas curvas ella se muestra orgullosa y las exhibe sin reparo. De ahí en adelante su apariencia física es muy estereotipada: nunca pelo corto, siempre melena abundante; en su versión más cutre, pelo cardado, ropa ceñida, caderas y pechos muy marcados y siempre enseñando cuanta más “carne” mejor; en su versión más elevada, faldas y vestidos coloridos y con mucho vuelo, melena suelta. Es muy creativa, y necesita expresarse y comunicar todo el tiempo, por lo que elije actividades profesionales que le permitan crear y comunicar y que estén relacionadas con el ámbito de lo sensual y lo creativo, las artes plásticas o interpretativas quizás o, en un estrato socio-cultural más bajo, cosmética, peluquería, moda, perfumería y belleza en general. Afrodita puede no haber nacido guapa, pero sí que es una seductora nata: los gestos, las miradas, las posturas, la sonrisa permanente, el “saber arreglarse y sacarse partido”, las conversaciones con dobles sentidos, y la actitud sensual en general ante los hombres, son sus puntos fuertes. Paradójicamente no es una seductora en el sentido sexual del término, ya que raras veces busca conscientemente una relación sexual, más bien busca sentirse mirada y apreciada por los hombres y el poder de sentir que los hombres vuelven su mirada cuando pasa y van detrás de ella, nada más. Muchas derivaron hacia “Afrodita” y hacia ese deseo constante de atraer a los hombres por haber sido abandonadas o poco queridas por sus padres (recuérdese a la Monroe cantando aquello de “my heart belongs to Daddy”) y se enrolan en relaciones en las que buscan que se las trate “como a princesas”, como una niña pequeña debería ser tratada por su padre, más que en relaciones “de igual a igual”. Esa eterna niñez-adolescencia en la que vive hace también que su sexualidad, en contraste con esa actitud inconscientemente provocadora que siempre exhibe, esté poco desarrollada y que sus relaciones sexuales sean poco satisfactorias, por paradójico que parezca. Afrodita no tiene amigas, porque el resto de las mujeres las ve como un peligro para sus maridos y parejas a pesar de que, insisto, la pobre Afrodita no es del todo consciente de su constante actitud seductora, pero sí es cierto que a Afrodita le gusta sentirse envidiada. Sólo las mujeres muy independientes emocionalmente y muy seguras de sí mismas se llevan bien con ellas. Sí tiene muchos amigos… homosexuales, con los que se lleva de maravilla, porque se siente comprendida y arropada. Y multitud de pretendientes y de parejas sucesivas: no es infiel, no busca sexo, sólo admiración y el poder de tener a los hombres a sus pies, pero difícilmente puede resistirse a “flirtear” con cualquier nuevo pretendiente que se acerque a ellas. Eternas adolescentes, gracias a las cremas y a la cirugía estética las Afroditas de hoy en día se mantienen en la brecha hasta más allá de los cincuenta, si bien a partir de los treinta y pocos resultan año a año más patéticas. La vejez, finalmente, termina siendo para ellas inasumible, se ocultan de la mirada de la sociedad a la que una vez dieron tanta envidia y, sin amigas “de toda la vida”, sin amantes, sin pareja, desaparecen…

Afrodita es un clásico de la historia y la literatura: Cleopatra, Salomé, Madame Bovary… el cine norteamericano rebajó mucho el nivel cultural de las anteriores y popularizó la versión más vulgar y menos inteligente de Afrodita: la “vecinita de al lado”, nada inteligente, muy tonta, inocente, muy inocente, y exudando sensualidad y sexualidad por todos sus poros: Marilyn Monroe en “The Seven Year Itch” de Wilder (en España se llamó “La tentación vive arriba”, es la peli en la que a la Monroe se le vuelan las faldas en la calle). A partir de ella toda “sitcom” americana que se precie tiene su propia Afrodita-versión-tonta en distintos grados de sexualidad, desde Lucy en “I Love Lucy” hasta Phoebe en “Friends” o Samantha en “Sex and the City” (en España “Sexo en Nueva York”).

En la España católica y patriarcal el personaje está ausente de nuestra historia y literatura. En el cine franquista apenas hay esbozos (Conchita Velasco, Marisol, etc.) ya que la represión sexual y sensual hace que sea imposible desarrollar del todo el personaje y, como reacción, en la época del “destape” cualquier actriz que esté dispuesta a enseñar las tetas se convierte en una pobrísima Afrodita. Pasados los años de furor hormonal del país el arquetipo desaparece del cine hasta la llegada a finales de los ochenta de la “comedia madrileña” y de la Afrodita española de los noventa: Maribel Verdú. Jubilada ya del arquetipo por edad, y tras un breve pero intenso paso de Paz Vega por el personaje en “Siete Vidas”, parece que va a ser Elsa Pataky la que se va a alzar con el título de “Afrodita nacional” para el cine de los próximos años. Veremos.

Y, por supuesto, la “Afrodita nacional” de las revistas del corazón es, obviamente… ¡Ana Obregón! (y, como aspirante fracasada y esperpento afrodisíaco y afrodítico, tenemos a Tamara…)

Hay que decir también que en los círculos más cultos el arquetipo ha tenido a excelentes intérpretes y representantes de la versión más elevada del mismo, como Nuria Espert, Ana Belén, María del Mar Bonet, etc. Pero la presión mediática y la vulgarización sufrida por el personaje ha hecho que su versión culta haya terminado por desaparecer casi por completo. Venus Afrodita era una de las diosas más importantes de la antigüedad. Lástima que el patriarcado y la moral judeo-cristiana haya degradado este arquetipo, la diosa del amor y de la creación, hasta su versión menos elevada, más tonta y más explícitamente sexual (en el sentido puramente genital del término “sexual”). Ana Obregón, “drag-queens”, la “cantante” Tamara … qué pena que nuestra cultura haya caído tan bajo.

3 Comments:

Anonymous ana said...

Permítame, su Ilustrísima, que le rectifique un "elejir" y se lo cambie por "elegir", a no ser que haya optado usted por seguir los pasos de Juan Ramón, en cuyo caso ahorita mismo me la envaino.

Me parece que te gustan más las profundas.
Pero pedazo de análisis!!
Un beso, feliz verano, que tengas suerte con las sandías, ya sabes que a veces...

3:11 AM  
Blogger Detrásdelreflejo said...

lo de las faltas de ortografía lo llevo cada vez peor, sí...

No, no me gustan más las profundas, me gusta una combinación de varios arquetipos, como a todo el mundo...

3:23 AM  
Blogger Lis said...

Vaya cuanto se aprende en este blog.
Al final ya no sabía si Afrodita me daba envidia o pena. Tal vez intentaba una optimización de recursos pero le perdió la "vida loca"...

10:19 AM  

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