Sunday, July 30, 2006

Anecdotario de verano (II)

“Pintada” leída en los baños de la estación de tren de Logroño, hace unos quince años:


Factores que facturáis

Y lleváis tantos galones,

¿Qué factura le pondríais

al forro de mis cojones?

(Un “factor” es un tipo de empleado en la “Renfe”)


Y debajo le habían contestado


Al forro de tus cojones

Una factura normal,

Pero al coño de tu madre

Una muy especial.

P.D.: El verano pasado volví a aquella estación, pero la “pintada” ya no estaba.

Wednesday, July 26, 2006

Anecdotario de verano (I)

Hace un año, por estas fechas, me disponía a iniciar el Camino de Santiago en Jaca y a tal efecto tomé un tren hacia Canfranc, en el norte de Aragón. Casualmente se senté al lado de dos ingleses, padre e hijo y, como hablo inglés, al rato surgió la conversación. Iban a hacer una travesía a pie desde Canfranc hasta un recóndito ibón (un lago glacial) que conozco bien, con su refugio de montaña, etc. y les estuve dando información. El padre, además, estaba muy interesado en cuestiones políticas y me preguntaba por asuntos de España (el refugio había sido construído por prisioneros políticos) y por la repercusión de los atentados del metro londinense en España. Era obviamente un tipo culto, qué otra cosa podía esperarse de alguien que vuela a España para hacer esa clase de vacaciones en un remoto lugar en lo alto del pirineo … Al llegar a Jaca nos despedimos y ellos siguieron viaje a Canfranc.

Me quedé con la sensación de que lo había visto antes, pero no sabía dónde…

Y hace unos días, viendo un documental en la televisión… ahí estaba. Me costó reconocerlo. Me pasó lo mismo que en el tren, tenía la impresión de conocerlo y no sabía de qué hasta que, pasado un cuarto de hora, me vino el recuerdo de nuestra conversación. Y lo demás lo ha hecho internet, que cada día me sorprende más: no sólo conseguí obtener información del documental, con la lista de todos los participantes, sino que luego pude obtener fotos de todos y cada uno de ellos hasta que pude ponerle nombre a su cara, busqué su nombre en internet y … bingo. Es más: quién hubiera dicho que añadiendo “Canfranc” a su nombre obtendría alguna información y, sorpresa mayúscula, unos días después de nuestra conversación publicó un artículo en “The Times” sobre la estación de Canfranc, con datos que provenían en parte de nuestra conversación. ¿Quizás conseguí excitar su curiosidad con mis informaciones sobre la línea ferroviaria tan peculiar que llega a Canfranc, su historia, su decadencia?

El artículo se puede leer en http://www.timesonline.co.uk/article/0,,1065-1713772,00.html

Y además.

El señor en cuestión es un antiguo delfín del Partido Conservador, caído en desgracia por haber declarado su homosexualidad a principios de los ochenta y por su defensa de los derechos de los homosexuales, y devenido en famoso columnista cultural y político.

Y, obviamente, el joven efebo de apenas veinte años que le acompañaba no era su hijo.

O sea.

Sunday, July 23, 2006

Amor y Debilidad

«Serás amado el día en que puedas mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ella para afirmar su fuerza.»

Lo ha dejado escrito Cesare Pavese en sus “Diarios”.

Y yo estoy de acuerdo.


Y lo otro . . . lo otro son fantasías idealistas en el mejor de los casos y, en el peor de los casos, carencias afectivas y emocionales mal resueltas y combinadas con calentontes genitales.


P.D.: veintitrés veranos hace que leí por primera vez a Pavese, y ahora pienso en ti, qué habrá sido de tu vida después de tantos años…


Thursday, July 20, 2006

Wahrheit macht frei

Cuando éramos pequeños nos hacían aprender en el colegio aquella cantinela de que el trabajo dignifica y ennoblece.

Y mis cojones treinta y tres.

El trabajo sólo ennoblece a los simples de espíritu colmenario, que no valen para otra cosa. Hacer lo único que se sabe hacer de manera sobresaliente, esforzándose por alcanzar la excelencia, establece una jerarquía y una escala de valores entre los pobres desafortunados que sólo tienen el trabajo como campo de desarrollo de su triste vida y les ayuda a crear la ilusión de que unos, los mejores trabajadores, son mejores y más nobles que otros.

A mí que me den tiempo para leer, tiempo para pasear, una buena siesta, un amanecer de verano, un atardecer de primavera, una hoja en blanco para escribir, y fuerza de espíritu para mantenerme libre.

Que la auténtica nobleza y la dignidad no está en sobresalir por encima de los demás, y menos todavía en una actividad tan miserable como trabajar.

La nobleza está en el espíritu y en el corazón de los que no se comparan con los demás.

Tuesday, July 18, 2006

Liberaciones

¿La liberación de la mujer?

Eso, nos decían, consistía en que no hubiera ninguna prohibición, ni legal ni moral, para que una mujer pudiera hacer lo mismo que un hombre (trabajos, hábitos sociales, etc.) si ella lo deseaba.

Ahora las mujeres ya pueden hacer lo mismo que los hombres. Si lo desean. Y lo “políticamente correcto” es desearlo o, por lo menos, no cerrarse a ello “por ser mujer”. Estar “liberada” consiste en no sentirse atada a la concepción que se tenía en la sociedad tradicional de lo “femenino”. Estar “liberada” es hacer o, por lo menos, aspirar, a ser igual a los demás en derechos y deberes… y cuando se dice “a los demás” se da por sentado que esos “demás” son, obviamente, ¡los hombres! ¡pero los hombres en el sentido más tradicional y “machista” de la idea de varón!

La “liberación” de la mujer no ha hecho sino que el mundo sea más “macho” y, paradójicamente, menos “machista”: cada vez en menos necesario ser “machista” en una sociedad donde hasta las mujeres dan por supuesto que lo “macho” es lo moderno y lo progresista, y que lo femenino es algo que hay que llevar sin orgullo y con resignación, un rescoldo de antiguas servidumbres de la sociedad del pasado, algo de lo que hay que deshacerse si se quiere triunfar en el mundo de hoy.

¿Liberación de la mujer?

¿No hubiera sido más necesario liberar al hombre de la esclavitud de lo masculino?

Sunday, July 16, 2006

Generosidad y libertad

“Así, yo creo que la verdadera generosidad, que hace que un hombre se estime en el más alto grado que se pueda legítimamente estimar, sólo consiste, en parte, en que él mismo sabe que no hay nada que verdaderamente le pertenezca excepto la libre disposición de sus voluntades, y no porque deba ser alabado o criticado, sino porque las use bien o mal; y en parte, en que siente dentro de sí mismo una firme y constante resolución de utilizarlas bien, es decir, de tener siempre la voluntad de acometer y ejecutar todas las cosas que él piense que son las mejores. En esto consiste observar perfectamente la virtud.”

(Descartes, Tratado de las Pasiones. En “Pasiones del Alma”, III, art. 153)

P.D.: 1. No hay verdadera libertad si no se es consciente de que nada le pertenece a uno excepto su voluntad. 2. La generosidad auténtica es libre de cualquier condicionamiento moral, religioso o social (vanidad, fama, etc.). 3. Sólo desde la libertad se puede ser generoso: quien demuestra generosidad demuestra, además, que es una persona auténticamente libre.

PD.(2): la libertad y la generosidad, no sólo material, sino también afectiva, intelectual, espiritual, etc. … son la misma cosa. Una es consecuencia de la otra, y viceversa.

Thursday, July 13, 2006

13 de julio, Tintern Abbey

En 1798, tal día como hoy, William Wordsworth, uno de los poetas románticos más importantes de la poesía inglesa, compuso su famoso poema “Tintern Abbey” (quien quiera ver fotos de las bellísimas ruinas de la abadía de Tintern, que busque en “Google”):

“FIVE years have past; five summers, with the length
Of five long winters! and again I hear
These waters, rolling from their mountain-springs
(…)"

Siempre se había considerado que este poema era paradigmático en cuanto al uso de muchas de los temas esenciales del romanticismo: la naturaleza, la nostalgia por un pasado mejor (véanse las ruinas de la abadía), la importancia de la armonía interior y exterior, etc. etc. Sin embargo, muy recientemente, algunos críticos, a partir del extraño título del poema y del énfasis que se le otorga a la fecha de su composición (“lines composed a few miles above Tintern Abbey, on revisiting the banks of the Wye during a tour, July 13, 1798) han venido a proponer que los cinco años pasados que cita el poema en su primera línea se refieren en realidad al 13 de julio de 1793, fecha en la que es asesinado Jean Paul Marat en París, líder de los jacobinos, y que marca el comienzo de la etapa más sangrienta de la Revolución Francesa. Y, a partir de ahí, hacen una lectura política del poema y desvelan multitud de alusiones a la antigua militancia revolucionaria de Wordsworth, que nada tienen que ver con el significado tradicionalmente aceptado del poema.

Pero todo esto qué más da.

Lo realmente importante de este poema es que ciento sesenta y ocho años después de que se escribiera y ciento setenta y tres después de que fuera asesinado Marat, nací yo.

O sea.

Tuesday, July 11, 2006

Personajes en busca de un autor (III): la mujer fatal

Por paradójico que parezca, este personaje tiene muchísimo en común con Afrodita (ver los “posts” anteriores). La mujer fatal es, en su origen, una niña afrodita: es muy sensual, también muy sensible, muy creativa, extrovertida, da mucha importancia a todo lo relacionado con el mundo sensorial en detrimento de lo intelectual, a las fragancias, los sabores, las texturas, etc. Vive en un mundo de sensación, belleza, creación y armonía. Pero su evolución de niña a mujer afrodita se ve terriblemente abortada: la sensualidad y la sexualidad de Afrodita se ven ridiculizadas y maltratadas por parte de un padre demasiado machista o de un entorno de hombres agresivos, crece en un ambiente de violencia psíquica hacia todo lo que implica su sensualidad y su creatividad o, más probable todavía, sufre abusos sexuales, bien en su niñez, bien en su adolescencia. La mujer fatal es una afrodita que ha sido abusada y castigada por su condición de mujer sensual por la sociedad patriarcal en la que vivimos, una afrodita que no puede ocultar su amargura por no poder recuperar a la niña que fue y por el daño recibido, y que vive por y para la venganza. De los hombres. De todos los hombres.

Como persona herida que es, no confía en nada ni en nadie, sólo en sí misma. Piensa que los hombres le deben algo, y toda su vida consiste en cobrarse esa deuda. Su cuerpo es su mejor arma. Con su sensualidad de Afrodita consigue atraer a los hombres hacia ella, para luego conseguir de ellos todo lo que puedan darle (dinero, poder, etc.), recurriendo a menudo al chantaje emocional y físico para, una vez arruinado su amante, deshacerse de él sin compasión y conseguir uno nuevo. No le interesa el amor, ni el sexo: sólo le interesa el dinero, el poder sobre los hombres y el placer del castigo que impone a sus amantes una vez que éstos ya no tienen nada más que ofrecer.

Por otro lado, a pesar de su apariencia de mujer poderosa, no puede evitar que las heridas que lleva en su interior hagan de ella una mujer insegura de sí misma, una mujer que necesita ser siempre el centro de atención, muy dependiente emocionalmente de su apariencia física y del éxito en sus conquistas. Además, en contraste con su sensualidad de Afrodita, es una mujer no sólo emocionalmente fría sino también sexualmente frígida, como consecuencia de los abusos sufridos en su niñez o en su adolescencia, lo que no hace sino añadir más amargura a su vida.

La mujer fatal es un personaje muy querido por buena parte del público femenino, ya que es fácil comprenderla e identificarse con ella cuando se ha sufrido algún desencanto emocional, y más todavía porque la mujer fatal ama a sus hermanas de género tanto como odia a los hombres. No es una roba-maridos, no es una ladrona de hombres: la mujer fatal nunca entrará en conflicto con otra mujer por un hombre, ya que ella es demasiado orgullosa e insegura para arriesgarse a salir perdiendo: intentará ganarse a la otra mujer para su causa y que sea la otra la que castigue al hombre en cuestión. Con sus congéneres suele adoptar el papel de la madre o de la hermana mayor que da consejos sobre cómo son “realmente” los hombres y cómo hay que tratarlos. Obviamente, siempre para ganarse al resto de las mujeres para su bando en su guerra de venganza contra los hombres. Cuando se ha sido herida por un hombre, no hay mejor amiga ni cómplice que la mujer fatal.

Los ejemplos de mujeres fatales sobran en la “novela negra” y sobre todo en el “cine negro”, en los papeles que inmortalizaron Barbara Stanwyck (“Double Indemnity”), Rita Hayworth (“Gilda” y, por cierto, no se pronuncia como en español), Lauren Bacall, (“The Big Sep) etc. En el cine contemporáneo el paradigma de la “mujer fatal” ha quedado establecido por Sharon Stone en “Basic Instinct”.

En la cultura española el machismo reinante hace que este personaje sea prácticamente impensable. Es como si se diera por sentado que la “violación de Afrodita”, que es el origen de la mujer fatal, fuera algo natural, inevitable y que no mereciera castigo. En el cine lo más parecido que se puede encontrar es el personaje interpretado por Victoria Abril en la película “Amantes”, de Vicente Aranda. Y existe una versión hispana y popular del personaje, del que la protagonista de “Amantes” tampoco se aleja del todo, pero que presenta una diferencia importante con la mujer fatal de la novela negra: es la “mala mujer” de las telenovelas, la guapa malísima que se acuesta con todos los hombres que se le ponen a tiro. Pero esta “mala mujer” sí que es una ladrona de maridos, no ayuda al resto de las mujeres sino que las humilla en cuanto puede y además siempre termina sufriendo de amor por algún hombre y siendo abandonada y castigada, con lo cual el dominio del hombre hispánico sobre la mujer queda siempre finalmente salvaguardado (para ser precisos, las “femme fatale” de la novela negra también son castigadas al final por el patriarcado, mueren a tiros por sus crímenes pero, a diferencia de las hispanas, no son sometidas emocionalmente ni se rinden finalmente ante un hombre)

¿Llegará el día en el que, en la cultura hispánica, veamos a una auténcia mujer fatal en la pantalla?

Monday, July 10, 2006

Paternidad responsable

Muchas gracias por todos los comentarios recibidos en el "post" anterior. Como la respuesta a todos es larga, la "cuelgo" aquí:

Cuando uno no es padre raramente se preocupa por cuestiones morales, el “vive y deja vivir” funciona siempre y el “en cada situación, toma una decisión” no suele presentar muchas complicaciones, ya que rara vez se dan situaciones en las que uno no pueda rectificar o desandar lo andado. Pero cuando uno es padre se ve obligado a marcar una referencia para sus hijos, unas pautas de valores que luego ellos seguirán o no, pero que les tienen que servir de punto de partida para, o bien aceptarlos, o bien rebelarse contra ellos. Y es entonces cuando uno, como padre, inevitablemente se cuestiona en qué valores cree, qué ejemplo va a darle a sus hijos.

En mi caso, por motivos y tradiciones familiares que no vienen al caso, los valores han terminado por ser los mismos con los que me criaron: el valor del esfuerzo, del trabajo, del estudio y del conocimiento. No son mejores ni peores que otros pero lo cierto es que creo en éstos, qué le voy a hacer, y los otros no me terminan de convencer (no voy a decir aquello que soltó Groucho, “éstos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”) y, como son mis hijos y no los de otros, lo que corresponde es que los eduque con los únicos valores que puedo darles.

Mis hijos son adolescentes y por lo tanto me están sometiendo a juicio, a mí y a mis valores. No es nada cómodo para mí.

Nótese que entre mis valores no está el éxito económico. No soy nada materialista, ni en el sentido económico ni en ningún otro. Y, como la vida te va llevando hacia donde tú vas, he conseguido vivir desahogadamente, pero raramente caigo en el consumismo.

Cuando pregunto a mis hijos el consabido “qué quieres ser de mayor”, nunca se olvidan de recalcar que, además de, quieren “tener dinero”. Y ahí noto que echan de menos algo que yo no les he dado y, como padre, me duele. No me duele no habérselo dado, que en parte ha sido porque no he querido, sino que me duele la crítica implícita que hay contra los valores en que han sido educados. Pero son adolescentes, están encontrando su propio camino, y a mí como padre me toca ahora defenderme.

Y en esa lucha estoy. Ahora sólo puedo hacer lo que he hecho siempre: darles un ejemplo. Y que me juzguen, que juzguen mi vida, mis valores, y si encuentran que algo puede ser mejorado (que lo harán) … que lo mejoren. Seguro que lo consiguen. Ahí entrará en juego uno de los valores que les he dado: "¿quieres dinero? Pues ya sabes: esfuerzo, trabajo, ..." O quizás no, porque está claro que en esta sociedad el dinero no siempre es fruto del trabajo. Quizás me estoy equivocando y estoy criando a unos hijos que en el futuro no serán felices (no es mi caso, yo soy muy feliz :-)). Y esta reflexión me lleva a la última pregunta, la misma que una vez se hizo mi padre delante de mí, y la misma que se hacen todos los padres:

¿Lo estaré haciendo bien como padre?

Y me respondo lo mismo que nos respondemos todos: sólo puedo hacer lo que sé, y eso sólo lo puedo hacer hasta donde puedo. Yo sólo puedo darles lo que soy.

Sunday, July 09, 2006

Dignidad

Acabo de hablar con mi hija por teléfono y estoy que me subo por las paredes.

Está de campamentos (le quedan un par días), y me estaba contando que las compañeras de tienda “no la ajuntan”, que se meten con ella, que son unas pijas … y además me ha estado contando a qué colegios van, qué vida llevan, etc., con cierto asombro, con expresiones del tipo “fijate, Papá, tienen esto y lo otro …” porque con ellas está descubriendo un nuevo mundo, una clase social distinta a la suya.

No es orgullo de padre, sé que mi hija tiene algunos defectillos, un temperamento algo fuerte, por ejemplo, pero también sé que ha tenido mucha suerte en la vida: es muy inteligente, la primera de su clase, habla perfectamente un idioma extranjero, se defiende en un segundo y va a comenzar a estudiar un tercero, va también muy bien en sus estudios de piano en el Conservatorio, lee mucho y también le gusta escribir. Además de todo eso tiene la suerte de ser muy guapa y atractiva (no exagero). Y tiene una familia grande y amplia que la adora.

Pero sus compañeras de tienda la encuentran rara. Y la hacen de menos. Los motivos: va a un instituto público, sus padres están separados, saca muy buenas notas y estudia bastante, no va de vacaciones a ningún sitio de moda, su padre no tiene un coche caro y sobre todo, sobre todo… la ropa que lleva no es de marca…

Como digo, estoy que me subo por las paredes. En cuanto vuelva en un par de días le voy a prohibir que quede con semejantes individuas. En cuanto se baje del autobús del campamento ya se puede despedir de ellas.

No quiero contarle todavía a mi hija la verdad, es demasiado joven y no quiero desanimarla. Mi hija es una estudiante brillante en todas las asignaturas, tiene todos los números para hacer una excelente carrera universitaria y tener una buena ocupación laboral. Por eso no quiero desanimarla y no quiero contarle que por mucho que trabaje, que se esfuerce en sus estudios, que vaya a la universidad, que consiga un buen trabajo, etc. etc. hay una clase social por encima de la nuestra que siempre será más rica y que gracias a sus redes de amigos y conocidos conseguirán un trabajo de chichinabo pero bien pagado, que ella tendrá siempre que ganarse todo con el sudor de su frente y que vivirá toda su vida con una hipoteca encima y ahorrando por lo que pueda pasar mientras que las otras, sus pijas compañeras de tienda en el campamento, serán rentistas de los bienes inmuebles que les dejó papá, serán directoras de marketing de tal casa de perfumes, propietarias de una tienda de modas o zorras mantenidas y cornudas de sus cornudos maridos, no, no le puedo contar la verdad tan pronto …

Sé que es envidia, puta envidia. Lo último que puede soportar esta gente tan “snob” es que alguien de una clase social inferior tenga de natural, por capricho de los dioses, lo que ellos no tendrán nunca, por mucho dinero que tengan. Todo su orden clasista se viene abajo: la pobre es la lista, la culta, la guapa, y la pija es patentemente tonta, burra y fea. “Pero tu padre no tiene un mercedes, ni vas a Salou, ni tus zapatillas son de adidas”.

No le quiero decir todavía que sus compañeras saben de qué hablan, porque en sus casas y en sus colegios les han dejado muy claro por qué ellas son de una clase social distinta, saben muy bien que tienen razón, que por lista y estudiosa que sea nunca dejará de ser una empleadilla mientras que ellas serán jefecillas en los negocios de sus padres o de los amigos de sus padres o mantenidas de sus maridos, y que ella no tiene un mercedes, ni lo tendrá nunca. Se lo gastará todo en la hipoteca y en sus hijos, como hizo su padre y el padre de su padre.

Pero que no las vuelva a ver. Quiero enseñarle que ella tendrá siempre algo que las otras no tendrán nunca porque ni lo pueden comprar ni está en venta, algo que ni siquiera le podrán envidiar, porque nunca llegarán a comprender qué es.

Dignidad.

Friday, July 07, 2006

Personajes en busca de un autor (II): Venus Afrodita

Afrodita para los griegos, Venus para los romanos, nuestro personaje arquetípico tiene el dudoso honor de ser el elegido por “locas”, “drags” y “trans” para “expresar su feminidad”, haciendo así un flaco favor al resto de los arquetipos femeninos de la literatura universal y, sobre todo, a la mayoría de las mujeres, que en absoluto se sienten representadas por ese patrón de feminidad, por lo menos no tan exageradamente ni de manera tan exclusiva. Pero qué se le va a hacer.

Afrodita tuvo la suerte o la desgracia de nacer sensual, demasiado sensual y muy creativa. No es tonta, pero lo parece: puede ser muy inteligente, pero se siente demasiado atraída por todo aquello que tenga que ver con su cuerpo y con sus sentidos (fragancias, sensaciones, apariencia externa, etc.) y por todo lo que tenga que ver con la creación artística y demasiado poco atraída por el pensamiento abstracto y por ello, aunque sea inteligente, no cultiva demasiado su vida interior ni se siente atraída por el estudio o las carreras más académicas. Como adolescente, es la típica “lolita”, que inmortalizara Nabokov: en esa edad en la que la mayoría de las niñas se sienten cohibidas por sus recién estrenadas curvas ella se muestra orgullosa y las exhibe sin reparo. De ahí en adelante su apariencia física es muy estereotipada: nunca pelo corto, siempre melena abundante; en su versión más cutre, pelo cardado, ropa ceñida, caderas y pechos muy marcados y siempre enseñando cuanta más “carne” mejor; en su versión más elevada, faldas y vestidos coloridos y con mucho vuelo, melena suelta. Es muy creativa, y necesita expresarse y comunicar todo el tiempo, por lo que elije actividades profesionales que le permitan crear y comunicar y que estén relacionadas con el ámbito de lo sensual y lo creativo, las artes plásticas o interpretativas quizás o, en un estrato socio-cultural más bajo, cosmética, peluquería, moda, perfumería y belleza en general. Afrodita puede no haber nacido guapa, pero sí que es una seductora nata: los gestos, las miradas, las posturas, la sonrisa permanente, el “saber arreglarse y sacarse partido”, las conversaciones con dobles sentidos, y la actitud sensual en general ante los hombres, son sus puntos fuertes. Paradójicamente no es una seductora en el sentido sexual del término, ya que raras veces busca conscientemente una relación sexual, más bien busca sentirse mirada y apreciada por los hombres y el poder de sentir que los hombres vuelven su mirada cuando pasa y van detrás de ella, nada más. Muchas derivaron hacia “Afrodita” y hacia ese deseo constante de atraer a los hombres por haber sido abandonadas o poco queridas por sus padres (recuérdese a la Monroe cantando aquello de “my heart belongs to Daddy”) y se enrolan en relaciones en las que buscan que se las trate “como a princesas”, como una niña pequeña debería ser tratada por su padre, más que en relaciones “de igual a igual”. Esa eterna niñez-adolescencia en la que vive hace también que su sexualidad, en contraste con esa actitud inconscientemente provocadora que siempre exhibe, esté poco desarrollada y que sus relaciones sexuales sean poco satisfactorias, por paradójico que parezca. Afrodita no tiene amigas, porque el resto de las mujeres las ve como un peligro para sus maridos y parejas a pesar de que, insisto, la pobre Afrodita no es del todo consciente de su constante actitud seductora, pero sí es cierto que a Afrodita le gusta sentirse envidiada. Sólo las mujeres muy independientes emocionalmente y muy seguras de sí mismas se llevan bien con ellas. Sí tiene muchos amigos… homosexuales, con los que se lleva de maravilla, porque se siente comprendida y arropada. Y multitud de pretendientes y de parejas sucesivas: no es infiel, no busca sexo, sólo admiración y el poder de tener a los hombres a sus pies, pero difícilmente puede resistirse a “flirtear” con cualquier nuevo pretendiente que se acerque a ellas. Eternas adolescentes, gracias a las cremas y a la cirugía estética las Afroditas de hoy en día se mantienen en la brecha hasta más allá de los cincuenta, si bien a partir de los treinta y pocos resultan año a año más patéticas. La vejez, finalmente, termina siendo para ellas inasumible, se ocultan de la mirada de la sociedad a la que una vez dieron tanta envidia y, sin amigas “de toda la vida”, sin amantes, sin pareja, desaparecen…

Afrodita es un clásico de la historia y la literatura: Cleopatra, Salomé, Madame Bovary… el cine norteamericano rebajó mucho el nivel cultural de las anteriores y popularizó la versión más vulgar y menos inteligente de Afrodita: la “vecinita de al lado”, nada inteligente, muy tonta, inocente, muy inocente, y exudando sensualidad y sexualidad por todos sus poros: Marilyn Monroe en “The Seven Year Itch” de Wilder (en España se llamó “La tentación vive arriba”, es la peli en la que a la Monroe se le vuelan las faldas en la calle). A partir de ella toda “sitcom” americana que se precie tiene su propia Afrodita-versión-tonta en distintos grados de sexualidad, desde Lucy en “I Love Lucy” hasta Phoebe en “Friends” o Samantha en “Sex and the City” (en España “Sexo en Nueva York”).

En la España católica y patriarcal el personaje está ausente de nuestra historia y literatura. En el cine franquista apenas hay esbozos (Conchita Velasco, Marisol, etc.) ya que la represión sexual y sensual hace que sea imposible desarrollar del todo el personaje y, como reacción, en la época del “destape” cualquier actriz que esté dispuesta a enseñar las tetas se convierte en una pobrísima Afrodita. Pasados los años de furor hormonal del país el arquetipo desaparece del cine hasta la llegada a finales de los ochenta de la “comedia madrileña” y de la Afrodita española de los noventa: Maribel Verdú. Jubilada ya del arquetipo por edad, y tras un breve pero intenso paso de Paz Vega por el personaje en “Siete Vidas”, parece que va a ser Elsa Pataky la que se va a alzar con el título de “Afrodita nacional” para el cine de los próximos años. Veremos.

Y, por supuesto, la “Afrodita nacional” de las revistas del corazón es, obviamente… ¡Ana Obregón! (y, como aspirante fracasada y esperpento afrodisíaco y afrodítico, tenemos a Tamara…)

Hay que decir también que en los círculos más cultos el arquetipo ha tenido a excelentes intérpretes y representantes de la versión más elevada del mismo, como Nuria Espert, Ana Belén, María del Mar Bonet, etc. Pero la presión mediática y la vulgarización sufrida por el personaje ha hecho que su versión culta haya terminado por desaparecer casi por completo. Venus Afrodita era una de las diosas más importantes de la antigüedad. Lástima que el patriarcado y la moral judeo-cristiana haya degradado este arquetipo, la diosa del amor y de la creación, hasta su versión menos elevada, más tonta y más explícitamente sexual (en el sentido puramente genital del término “sexual”). Ana Obregón, “drag-queens”, la “cantante” Tamara … qué pena que nuestra cultura haya caído tan bajo.

Wednesday, July 05, 2006

Personajes en busca de un autor (I): “la profunda”

Este personaje simboliza una de las fantasías eróticas más recurrentes entre los escritores y guionistas masculinos. Es la bella misteriosa: no habla y, sobre todo, sobre todo, no sonríe. Sólo mira con una mirada intensa y profunda. Parece marcada por un pasado traumático que nunca se llega a conocer, y se comporta como si viniera de otro planeta y todavía no se hubiera acostumbrado a vivir en éste, como si estuviera huyendo todo el tiempo de ese supuesto pasado traumático. Resulta un personaje tremendamente erótico porque, por un lado, despierta entre el género masculino la fantasía de poder convertirse en “salvadores de la damisela en apuros”, y su mirada intensa, junto con su tendencia a enseñar los pechos, denota una sexualidad volcánica. Por otro lado, su frialdad marmórea (la piel blanquecina que nunca ha visto el sol es un elemento de caracterización indispensable, a juego con una melena rubia platino o quizás en contraste con un pelo y unos ojos negro azabache), su delgadez, el rictus permanente de su boca, todo ello expresa una profunda aversión a tener relaciones sexuales, quizás una auto-represión por culpa de ese supuesto pasado traumático. Y esa mezcla de deseo en los ojos y aversión en la piel, ese juego de atracción y rechazo (qué otra cosa es el deseo sino atracción y rechazo a la vez) forma un cóctel pasional en los espectadores masculinos que a menudo obtiene respuestas violentas.

El cine francés cuenta con muchos buenos ejemplos de “profundas”. Catherine Deneuve, por ejemplo, que nunca ha actuado en su vida, le basta con mirar, callar y no sonreír. Su “interpretación” más famosa: siendo azotada en “Belle de Jour”, como corresponde en la erótica masculina a la “profunda”. Charlotte Rampling que, aunque no siendo francesa, ha hecho la mayor parte de su carrera en Francia. Su papel más recordado es el de “esclava” en “Portero de Noche”, como todas las “profundas” creadas por la imaginación masculina su origen es el abuso y su destino es ser abusada. Y la última en llegar: Juliette Binoche que, si bien sonríe en algunas películas, saltó a la fama por sus interpretaciones en las películas de Krzysztof Kieslowski (Tres colores: azul, rojo, etc.) donde siempre terminaba tirada en el suelo, llorando, humillada, destrozada…

En España ha habido también muchas “profundas”. “Profunda” lo fue Ana Belén en sus comienzos en su etapa adulta, y la “profunda” con más recorrido ha sido Victoria Vera. Como todas las “profundas”, ninguna de las dos sabe actuar. Con mirar mucho, hablar poco, no sonreir y enseñar teta a contraluz, les bastaba para hacerse pasar por "grandes actrices". La última en llegar y un ejemplar en estado puro de “profundidad” es la “actriz” y “cantante” Nadjwa Nimri: no actúa, no habla, no se mueve: sólo mira. Y, sobre todo, no sonríe. Y tampoco canta: declama en tono lánguido. Y misterioso.

¡Ay, las profundas y misteriosas!

Monday, July 03, 2006

Introspección

“Quien rehúye la introspección, quien evita conocer de sí mismo lo que prefiere no saber, terminará por adecuar su comportamiento a la defi­nición que otros hayan hecho de su personalidad. Si en el curso de una comida de empresa, por poner un ejemplo, o similar acto multitudinario, alguien es descrito ante sus compañeros como un romano mientras las copas en alto rubrican un brindis, po­demos estar seguros de que el aludido ajustará su conducta a la que cree propia de un romano, un ser sensual y vitalista, proclive a cometer todo tipo de excesos, jovial, casi despótico en la expresión y en las maneras, orlada ya de rizos la frente poten­ciada por una incipiente calva, todo en consonancia con la imagen ofrecida por las películas de romanos. Igual que cuando alguien, en el ámbito fami­liar, es proclamado idéntico a un antepasado, ré­plica, por ejemplo, del abuelo, con su mismo genio, lo que le llevará a conducirse como se supone que él se conducía, a parecerse incluso físicamente. O aún, como aquel que, al ser interrogado por el médico, se define a sí mismo sobre la marcha de una mane­ra determinada - fogoso, chuleta, sereno, extrema­damente nervioso - , definición que a la larga se ha de convertir en una verdadera sentencia.

También al comienzo de una relación amorosa cabe en lo posible que él o ella o los dos, en vez de servirse de la mutua aproximación para ahon­dar en el conocimiento de uno mismo a la vez que en el del otro, intenten revestirse de una aparien­cia que a su entender les enaltece y mejora y, asu­miendo un papel que no les corresponde - es el caso más frecuente -, harán lo posible por mantener la ficción conforme a un ejercicio de simula­ción a la larga condenado al fracaso.”


(Luis Goytisolo, “Liberación”. Madrid: Alfaguara, 1962. Págs. 61-62).