Thursday, June 29, 2006

Envejeciendo

Confieso que no entiendo cómo es posible que la gente hable tanto por el móvil por la calle. Te pones a caminar y te cruzas uno, dos, tres, cuatro . . . no, no lo termino de entender. ¿Cómo era la vida antes de que hubiera teléfonos móviles, qué hacía esta gente? ¿De qué naturaleza son esas llamadas que no pueden esperar a estar sentado en un sitio, llamadas importantes de negocios, urgentes…?

Y esa gente que coge el móvil nada más salir del portal de casa, ¿por qué? ¿por qué no han llamado antes en casa, cómodamente sentados? ¿es que no quieren que les oigan en casa, son llamadas secretas, a amantes quizás?

En principio el móvil es un gran invento. Permite la comunicación a distancia, y creo que es muy bueno, como lo es el téléfono, para favorecer las relaciones humanas. Pero, por otro lado, me pregunto si lo que se gana en inmediatez en la comunicación no se pierde en profundidad y en calidad de la conversación. Hasta hace diez años, cuando uno quería hablar con alguien, y más si la conversación era a larga distancia y costaba dinero, la conversación se preparaba, si quiera inconscientemente, se pensaba con antelación en qué se iba a decir, en qué contestaciones habría que dar, en qué temas podrían salir en la conversación… esto, obviamente, se está perdiendo, las conversaciones tienden necesariamente a ser más banales, además de menos concentradas, la gente habla mientras camina, mientras mira escaparates, mientras conduce, mientras trabaja… el próximo paso en esta deriva hacia la (in)comunicación total y la banalidad absoluta será el dispositivo blue tooth acoplado permanentemente a la oreja y la tarifa plana telefónica: uno estará conectado las veinticuatro horas y en conversaciones a varias bandas, con lo cual la gente estará conectada tanto a amigos como a grupos de “chat” como los que existen ahora en el irc, y estarán contándose todo el día todas sus minucias, desde qué sueño tengo cuando me levanto a mira qué tontería están echando en la tele…

Estoy seguro de que, al igual que mis hijos encuentran ahora imposible entender la vida sin ordenador, sin internet y sin televisión en color y por satélite, mis nietos me preguntarán algún día cómo podíamos vivir sin el “intercomunicador” pegado a la oreja. Y lo les contaré que, cuando tenía su edad, si veía a un señor con un aparato en la mano y pegado a la oreja, no era ni siquiera uno de esos móviles que no tenían blue tooth, sino una radio para escuchar el partido del domingo, y que su tatarabuelo, cada vez que se cruzaba con uno de tales, murmuraba aquello de “no hay parto sin dolor, ni hortera sin transistor”. Y que entonces yo pensaba que mi abuelo se estaba haciendo viejo….

Y ahora, el que se está haciendo viejo, soy yo.

4 Comments:

Anonymous ana said...

Cierto.
Un auténtico abuelo, un carcamal, un retrógrado, un anciano, un reaccionario, un....
andayaaaaaa tontitoooo!!!
Qué mal, no? primero opinas y luego te criticas por tener opinión...necesitas vacaciones.
Un beso, abue!

5:37 AM  
Blogger GLAUKA said...

Es cierto (lo del móvil, y quizás también lo de la vejez ;))

Yo aún recuerdo ir corriendo a casa a esperar una llamada, preparar lo que iba a contar, incluso bajarme a la cabina del bar de abajo cuando quería hablar sin que me escucharan en casa ... la de tiempo que hubiera ahorrado con un movil!!! jejejejejeje!!!!

3:20 PM  
Anonymous Anonymous said...

Pues efectivamente, son llamadas al amante.Collige virgo roses o como se diga.

4:51 AM  
Blogger Viuda de Tantamount said...

A veces, tengo menos ruido en la calle que en casa....y es una avenida de 4 carrilles, no creas...¡¡

4:10 AM  

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